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La Sevilla de los tontos

Ayer a mediodía por la salida de la SE-30 hacia Huelva (igual por la de Cádiz) cientos y cientos de coches subían ya lentamente el repecho de Colina Blanca que antes era el de Coca de la Piñera, por un gobernador sobre el que no sé si ha caído el peso de la Memoria Histórica.

el 15 sep 2009 / 09:00 h.

Ayer a mediodía por la salida de la SE-30 hacia Huelva (igual por la de Cádiz) cientos y cientos de coches subían ya lentamente el repecho de Colina Blanca que antes era el de Coca de la Piñera, por un gobernador sobre el que no sé si ha caído el peso de la Memoria Histórica. Esa serpiente de verano -real y no como el monstruo del Lago Ness- anunciaba que en Sevilla, a partir de hoy, nos quedamos los tontos, los que no tenemos casa en la playa o no supimos cómo llegar antes que otros hasta el turno bueno de las vacaciones en la empresa. Los listos se van alegres a pesar de las retenciones, confiados aunque sepan que tendrán que descargar todo lo que antes cargaron y, en definitiva, sabiendo que en Sevilla nos quedamos miles de personas que los envidiamos.

Con esa envidia hemos llegado más tarde al trabajo aunque tardamos menos en aparcar y puede que nos vayamos un poco antes porque hay menos tarea y mucho calor a combatir tomándonos una cerveza. La siesta será más reposada y cuando caiga el sol saldremos a sentarnos en cualquier terraza con menos gente que de costumbre. A esa hora muchos de los que se fueron esta mañana estarán a punto de llegar, terminando de colocar cosas o arreglando el grifo que no funciona pero contentos porque abandonaron esta Sevilla de agosto, sin madrugones, con aparcamientos, semivacía que padeceremos quienes nos quedamos: los tontos.

Antonio Zoido es escritor e historiador

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