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La Sevilla de Martínez de León

Hace unos meses, y después de noventa y tantos años, volvieron a ver la luz las Historietas sevillanas, del coriano Andrés Martínez de León, en una edición muy cuidada, fruto de la cooperación entre la iniciativa privada y la pública

el 16 sep 2009 / 00:26 h.

Hace unos meses, y después de noventa y tantos años, volvieron a ver la luz las Historietas sevillanas, del coriano Andrés Martínez de León, en una edición muy cuidada, fruto de la cooperación entre la iniciativa privada y la pública. Las historietas fueron, antes que libro, tiras de cómics que la mayoría de las veces ilustraban un chiste de los que, seguramente, corrían por la ciudad, que versaban mayormente sobre gitanos y que hoy sortearían con dificultad nuestra concepción del respeto a etnias y colectivos. Pero, al fin y al cabo, pretender medir con parámetros de hoy mentalidades sociales de ayer es algo sin sentido aunque lo intentara María Ángeles Durán en Si Aristóteles levantara la cabeza.

A mí lo que me parece sin sentido es que fuera ésa, la de las historietas de burros, gitanos y oselillos de Martínez de León, la imagen que de Sevilla se vendía en Madrid -pues allí se publicaban- mientras aquí hacía mucho que escribían Juan Ramón, Isaac del Vando, Cansinos o Pedro Garfias, Blas Infante presentaba en el Ateneo El Ideal andaluz y faltaba poco para que aparecieran la revista Grecia, que consagraría las vanguardias como la fiel infantería de todas las artes, o la Orquesta Bética al calor de Manuel de Falla.

Martínez de León no fue, precisamente, un carca. Sus ideas eran las de un hombre bueno en el mejor sentido machadiano de la palabra, cultivó la amistad con figuras relevantes de la intelectualidad, demostró serlo él mismo en su Oselito en Rusia. ¿Por qué no veía entonces la importancia de promover y transmitir una Sevilla distinta de la del tópico?, ¿por qué la mayoría de los de su generación hicieron lo mismo? Pretender comprender las razones de ayer puede que sea un arcano, pero dejar que perduren -como seguimos haciendo con frecuencia- es, cuanto menos, insensato.

Antonio Zoido es escritor e historiador

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