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La Sevilla invisible del Salvador

Fernando Mendoza ha tenido la gentileza de enviarme un ejemplar de su libro La iglesia del Salvador de Sevilla, editado por Cajasol y la Archidiócesis, con el hermoso diseño que Antonio Pérez Escolano pone en las publicaciones que están a su cuidado.

el 15 sep 2009 / 22:09 h.

Fernando Mendoza ha tenido la gentileza de enviarme un ejemplar de su libro La iglesia del Salvador de Sevilla, editado por Cajasol y la Archidiócesis, con el hermoso diseño que Antonio Pérez Escolano pone en las publicaciones que están a su cuidado. El paso de sus páginas no es sólo una demostración del valor de esa mole, alzada en el corazón de Sevilla, sino también de la potencia que ese inmueble tuvo para ordenar y vivificar el enclave durante un milenio, tal vez desde antes de que fuera mezquita aljama de la ciudad andalusí, quizás desde la Hispalis romana o tardoromana.

Sin el templo puede que no existieran sus plazas, ni que decenas de calles confluyeran en ellas y, al mismo tiempo, la existencia de esas vías y ensanches, repletos siglo a siglo de vida, realzó la importancia del edificio religioso. Ha habido allí a lo largo del tiempo una simbiosis de ciudad vitrubiana que aún continúa en el bullicio diario del mediodía y la primera noche que sirve de lugar de encuentro y convivencia. Una ciudad viva que soportó animosamente los largos años de la restauración; una restauración que fue posible gracias a numerosas aportaciones de quienes, desde el mundo empresarial y personal, acudieron con los granos de arena que podían.

Ahora, no se sabe por qué, tanto el edificio tan minuciosamente restaurado por Fernando, como sus dependencias han quedado al margen de la alianza de cientos y cientos de años. El Patio de los Naranjos, que siempre fue una placita interior, es prácticamente inaccesible y capillas como la de los Pinelo, convertida en monumento histórico y arquitectónico con el patrocinio de entidades de ahorro públicas, son invisibles. De nuevo vuelve a repetirse la misma historia otras veces contada en los últimos tiempos, tantas que ya parece La Historia Interminable.

Antonio Zoido es escritor e historiador

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