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La silenciosa protesta de los gorriones

El Consejo pasa sin expectación ni incidentes

el 19 mar 2010 / 21:05 h.

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Los ministros pudieron aprender algo de historia del Alcázar de manos de su director.

Amaneció lloviznado -el alcalde, Alfredo Sánchez Monteseirín, sacó el paraguas para la vicepresidenta María Teresa de la Vega- y a mediodía había salido un tímido sol. Es casi primavera en Sevilla, viernes, puente de San José en diez comunidades y el Consejo de Ministros se reúne por primera vez en Democracia en la capital hispalense. Adiós a las nubes de la deuda histórica y calurosa bienvenida a la Ley de Economía Sostenible. En la calle no se nota: en los alrededores de los Reales Alcázares los que se cuecen son los turistas, que se encuentran con dotaciones de la Policía Nacional esquina sí y esquina no, a pie, en furgones, en todo terrenos o a caballo. En la Judería, los clicks de las cámaras de fotos y el piar de los pájaros. "Garçons, on s'assoit?", murmura un francés para pedir una tregua a su grupo en forma de asiento en un velador. "El águila ha salido del nido", dice al pinganillo un policía.

En la avenida de la Constitución, los que vienen a que sí se les escuche. Unas 800 personas, según los organizadores, aunque con el calorcito de las doce de la mañana se ven bastantes menos... Vienen a pedir soluciones para la crisis (son obreros del campo que quieren que se elimine el requisito de las 35 peonadas para poder cobrar el subsidio agrario y que se llevan el compromiso del presidente Zapatero de rebajarlas a 20). Carmen Martos resume la esperanza, viene de Marinaleda: "Si en mi pueblo hemos conseguido tierra con lucha...". En la terraza de la franquicia de cafeterías frente al Archivo de Indias, los obreros, que vienen de toda Andalucía. Dentro, más extranjeros, con cara de sorpresa. Un grupo de estudiantes espera que el ministro Gabilondo se entere de la situación que viven en el máster que cursan para ser profesores de Secundaria. Los que sí han advertido que hay ministros en Sevilla son los que pasan por la Avenida y por la calle San Fernando: banderolas de un vivo rojo con las del NODO anuncian la reunión.

Hay que pasar otro control para acceder al Alcázar. Mucho silencio. En el patio de Montería, vuelven los gorjeos de los pájaros, de los periodistas con sus plumillas, comentando la jugada que retratan los fotógrafos, y el susurro de los ministros (la ministra de Medio Ambiente, Rural y Marino, Elena Espinosa, habla por el móvil). Otro grupo, con Bibiana Aído, Celestino Corbacho, Miguel Ángel Moratinos, Miguel Sebastián, Beatriz Corredor y Ángeles González Sinde, se une primero a la camarilla de ministros que aprenden del Alcázar. Luego llegan Trinidad Jiménez, Carmen Chacón y Cristina Garmendia para escuchar la explicación del director de los Alcázares, Antonio Balón, sobre la historia del palacio. El alcalde charla con el ministro de Justicia, Francisco Caamaño.

También están el delegado de Gobierno en Andalucía, Juan José López Garzón, el subdelegado en Sevilla, Faustino Valdés, y el ministro de Fomento, José Blanco. Manuel Chaves se reúne con Rubalcaba y López Garzón. Van cambiando de grupo mientras el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, se está entrevistando con el presidente de la Junta de Andalucía, José Antonio Griñán.

Declaraciones. En la rueda de prensa, Chaves, De la Vega y la ministra de Economía, Elena Salgado, se sientan en primera fila, justo delante de Monteseirín y López Garzón. Más clicks de las cámaras, el chirriar de la puerta que da acceso a la sala y Zapatero y Griñán hablando de Andalucía, de acuerdos y de futuro, con la salida de la crisis como objetivo.

Muchos guiños a Andalucía y a Sevilla-"por cierto, alcalde, desde que he aterrizado, me parece que la ciudad está espectacular" o la felicitación por el desbloqueo del A-400M son dos ejemplos- de Zapatero a Monteseirín.Cuando llega el turno de preguntas, los micros se acoplan: "Es un ruido raro", dice Zapatero.

Para acabar todos se felicitan: el arrullo de los políticos que se marchan comentando los acuerdos cerrados. En la calle, algunos curiosos esperan la salida de las autoridades. Los turistas siguen pasando calor.

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