Local

"La sociedad aún no ha alcanzado el nivel de indignación necesario"

Los secretarios generales de CCOO y UGT, Francisco Carbonero y Manuel Pastrana, desgranan los motivos de la huelga general de hoy y alertan del progresivo hartazgo social.

el 13 nov 2012 / 20:21 h.

TAGS:

El secretario general de CCOO-A, Francisco Carbonero, junto al líder de UGT-A, Manuel Pastrana, ayer, en la casa de Las Sirenas, en Sevilla, después de la entrevista. / paisano (atese)

Manuel Pastrana y Francisco Carbonero son amigos desde hace 14 años y eso "fortalece" la unión de UGT y CCOO, dos sindicatos que suman medio millón de afiliados en Andalucía. Es difícil encontrarse al uno sin el otro. Ambos comparten un sentimiento siamés que les permite "defender lo mismo con las mismas palabras sin necesidad de consensuarlo antes". La crisis, los recortes, la reforma laboral, los ERE, la bajada de salarios, los despidos, los desahucios, los Presupuestos Generales y la huelga les ha obligado a pasar aún más tiempo juntos. Han participado en nueve huelgas generales con cuatro presidentes del Gobierno. El manual sindical dice que la última siempre es la más dura y difícil.

-¿Los andaluces tienen más motivos para ir a la huelga que los madrileños o los catalanes?

-Francisco Carbonero. Andalucía tiene más razones porque el paro es mayor, la protección social es menor y nuestro tejido productivo tiene más dificultades para crear empleo en el futuro. Pero también porque los Presupuestos Generales discriminan tremendamente a los andaluces.

-Manuel Pastrana. Los andaluces tenemos la necesidad vital de frenar la política del Gobierno. El Estado nos exige dar más y nos aporta menos que a otras comunidades, y eso daña especialmente a los trabajadores.

-El PSOE apoya esta huelga. ¿Los motivos de este paro distan mucho del que hicieron con el Gobierno de Zapatero?

-F.C. Tiene características absolutamente distintas. La reforma laboral es mucho más agresiva que la que hizo Zapatero y está desmantelando los derechos laborales. Hay una pérdida de derechos de servicios públicos que estaban consolidados, la sanidad, la educación han sido sacrificados más violentamente que entonces.
-M.P. Pero la gente irá a la huelga por la acumulación de situaciones difíciles que, es verdad, vienen de la era de Zapatero, y aún más seguirán en el futuro.

-El lema de la huelga dice Hay culpables, ¿quiénes son?

-M.P. Los que originan la crisis de dimensión internacional son los mercados especulativos, los bancos, la banca alemana... Pero aquí estamos porque la derecha española se está aprovechando de la crisis para asentar un nuevo modelo de relaciones laborales basada en la desregulación y un nuevo modelo social donde ya no existen los derechos como los conocemos ahora.
-F.C. El objetivo de la huelga es cambiar la dinámica de esta política de recortes e incorporar políticas que incentiven la economía a través de inversión pública que genere empleo inmediato.

-Les he oído decir que la huelga, si tiene éxito, servirá de argumento a Rajoy en Bruselas para pedir alternativas al plan de austeridad. ¿Lo creen así?

-F.C. Con toda seguridad, no creo que Rajoy use la huelga general como aval para exigir a Bruselas que gire hacia políticas de estímulo económico. Pero sin duda debería de hacerlo.
-M.P. El Gobierno de Rajoy no es una víctima de la política impuesta por la UE. Rajoy defiende a capa y espada en Bruselas esta política de austeridad, estos planteamientos de Angela Merkel.

-¿Cómo se mide el éxito o fracaso de la huelga general?

-F.C. Esa leyenda urbana de que las movilizaciones no sirven para nada es más antigua que el hilo negro. En este país y en todas las sociedades donde ha habido cambios democráticos, éstos se han producido como consecuencia de la movilización. Las libertades, los convenios colectivos, la sanidad universal y la educación pública han venido precedidos de grandes movilizaciones sociales.
-M.P. El éxito de la huelga se mide por los resultados políticos a medio y largo plazo. No es el debate puntual de cuántos seguidores ha tenido el día que se celebra. Ninguna movilización inmediatamente parece que tenga resultados. Pero todo el proceso de movilizaciones que se inició cuando el Gobierno de Zapatero empezó con los recortes es lo que está configurando el que la gente vaya siendo, cada día, más consciente de que están sometiendo los intereses generales a los intereses económicos de unos pocos. Llega un momento en el que la protesta no puede ser desoída. Es lo que pasa con los desahucios.

-¿Las protestas ciudadanas son las que han forzado al Gobierno a replantearse cómo atajar el drama de los desalojos?

-M.P. Si no se hubiera rebelado la sociedad, cada uno desde su posición (sindicatos, asociaciones de vecinos, ciudadanos de a pie...) los bancos no habrían rectificado y el Gobierno no estaría buscando una salida más digna. Se han visto absolutamente forzados cuando han llegado al extremo de ver cómo la gente se mataba.
-F.C. No tengo duda de que ha sido el clamor popular lo que ha hecho rectificar al Gobierno, porque se han dado cuenta de que esto crea alarma social y quieren taponarlo. Pero creo que PSOE y PP se equivocan al intentar solucionar esto en una reunión bilateral, al margen del Parlamento, en vez de promover un cambio de las leyes hipotecarias. Si hacen un apaño, la pelea continuará y se volverá contra el PSOE.
-M.P. Toda solución que no contemple la dación en pago para saldar la deuda hipotecaria y que además no provea a los afectados de una vivienda social o en alquiler, será un fracaso.

-Ha habido protestas masivas en Grecia y Portugal que no han logrado frenar los recortes. ¿Eso no proyecta resignación en la sociedad española?

-F.C. La huelga servirá pase lo que pase. A cada trabajador le servirá para decir dónde están sus límites, hasta dónde está dispuesto a aceptar este asalto contra sus derechos. Pero además, España representa el 12% del PIB de la UE y no es Grecia. Hay una movilización coordinada en todos los países y el efecto será mayor.
-M.P. Hubiese sido un milagro que Grecia o Portugal hubieran conseguido parar la reforma laboral. Ahora estamos en un nuevo formato de movilización global en Europa que no se detendrá mañana [por hoy]. Ahora es cuando empleados y sindicatos alemanes ven cómo el crecimiento se detiene en su país y empiezan a comprender que el exceso de austeridad no afecta sólo a los derechos laborales del sur de Europa, sino que terminará rebotando en las condiciones laborales de todos.

-CCOO y UGT piden someter a referéndum las últimas políticas del Gobierno. ¿Creen que una votación tendría más participación que la huelga?

-F.C. Sería mayor, porque en el referéndum no hay que vencer el miedo a nada. Eso facilitaría que hasta en el último pueblo de este país pudieran pronunciarse. Creo que es legítimo decirle a un Gobierno que se presentó a las elecciones diciendo que haría unas cosas, y ahora hace las contrarias para desmantelar el Estado de Bienestar, abaratar el despido y disparar el desempleo.

-¿El descontento social es proporcional a los problemas que atraviesa el país?

-F.C. No creo que la sociedad esté todavía en el nivel de indignación que la situación requiere. A la sociedad le está costando metabolizar que en tan poco tiempo haya un derrumbe tan importante de los derechos en este país, que nos ha costado años conseguir.
-M.P. Mucha gente todavía piensa que ésta es una crisis como todas, que volverá el crecimiento económico y que las decisiones que se están tomando tampoco van a cambiar radicalmente nuestras vidas. Pero lo harán. Estas políticas van a transformar sus vidas para siempre y la reacción irá mucho más allá de la huelga. Va a llegar un momento en el que la desesperanza de la gente provocará una fractura social y una movilización de alcance imprevisible. No habrá gobierno que pueda parar en Europa el que la gente no tenga posibilidades de alimentarse, y que la pobreza se extienda como lo está haciendo.

-La desconfianza de la gente hacia la clase política, ¿también la padecen los sindicatos?

-F.C. La derecha, los sectores financieros y la línea mediática más conservadora ponen empeño en deteriorar la imagen de los sindicatos. Pero los únicos que pueden prescindir de los sindicatos son los trabajadores. Saben que podemos sacar a millones de personas a la calle y parar la producción del país. Tenemos motivos que otros ningunean porque jamás les robaron sus derechos.
-M.P. Los sindicatos no tenemos capacidad para procurar una solución individual al problema de cada uno, al que echan del trabajo o bajan el sueldo, sin que seamos capaces de impedirlo. Eso crea insatisfacción, pero a la vez reconocen que sin un sindicato, están desprotegidos.

-¿Cómo creen que percibe la gente que los sindicatos o los medios más progresistas censuren la reforma laboral y luego la apliquen en sus ERE?

-F.C. Cualquier empresa que deba despedir a alguien, tiene que aplicar la reforma laboral por fuerza. ¿En qué varía la aplicación? En la indemnización de salida del empleo. Ni UGT ni CCOO hemos despedido a nadie con 20 días por año.
-M.P. La UGT nunca ha planteado despedir a nadie con 20 días. La realidad es que las políticas de recortes de la Junta afectan a los sindicatos porque hemos tenido subcontratados servicios públicos de la Junta a los trabajadores, que ahora no tenemos. Las plantillas de CCOO y UGT estaban y están dimensionadas en función de la prestación de esos servicios. Ahora tenemos que abordar inexcusablemente un ajuste, porque el sindicato, una vez que deja de recibir dinero público para prestar esos servicios conveniados con la Junta, no tiene recursos propios para mantener esa plantilla a cargo del propio sindicato. El dinero de los afiliados es para sostener la organización. Ahora tendremos que plantearnos el ajuste y lo haremos con la capacidad económica que tiene nuestro sindicato.

-F.C. Hay una cosa que marca la diferencia: mientras las empresas despiden a gente para aumentar sus beneficios, las direcciones de los sindicatos no reparten dividendos a final de año.

  • 1