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La soledad de Gaspar de Utrera

El pasado miércoles acudí a darle el último adiós al cantaor Gaspar de Utrera y comprobé, una vez más, que el mundo del flamenco ya no es lo que era.

el 15 sep 2009 / 00:50 h.

El pasado miércoles acudí a darle el último adiós al cantaor Gaspar de Utrera y comprobé, una vez más, que el mundo del flamenco ya no es lo que era. Gaspar no fue lo que se dice un buen relaciones públicas y en sus últimos meses de vida, postrado en una cama, apenas fue nadie a verlo para decirle: "Primo, ¿necestas algo?". ¡Con la de primos que tenía este cantaor! Los tenía hasta payos, que ya es tener primos. Me lo decía su compadre El Cuchara echando lágrimas como castañas: "Nadie ha echao cuenta de él". Y digo yo una cosa: ¿de verdad le importaría al bueno de Gaspar que nadie fuera a ver cómo se consumía en una cama? Si durante setenta años ha pasado de todo, ¡cómo le iba a importar eso a Gaspar! Vivió como un Tomás Pavón de este tiempo. Dueño de una garganta y un eco gitano irrepetibles, se ha ido como vivió siempre: discretamente. No hubiera sido lógico ver televisiones y políticos en su entierro. ¿Para qué?

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