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La soledad del presidente

A propósito de la Cumbre de la OTAN celebrada en Bucarest, algunos periódicos han publicado en portada una fotografía del Presidente español en funciones en la que se le ve solo.

el 15 sep 2009 / 02:47 h.

A propósito de la Cumbre de la OTAN celebrada en Bucarest, algunos periódicos han publicado en portada una fotografía del Presidente español en funciones en la que se le ve solo. Las imágenes emitidas por TV son todavía más elocuentes, pues la soledad que muestran se refiere a la distancia mantenida respecto de una persona: el señor Bush, que en una puesta en escena que no deja de tener algo de infantil, se mueve por detrás de nuestro presidente rodeado de distintos interlocutores. Y ante esta situación, ante esta "soledad", yo diría que lo que hay es un acto de dignidad; de dignidad de aquél que respondiendo a lo que de él esperaban muchos españoles, trajo las tropas de Irak, actuando con una coherencia política e ideológica difícil de encontrar en las relaciones internacionales, contaminadas como están por los más extraños y inexplicables intereses. Y si ello no es así, ¿cómo se explica las decisiones que en la mencionada Cumbre se han tomado? La primera, sobre Afganistán.

Desde la Cumbre desean vendernos que existe un plan integral de reconstrucción del país, una salida política a la crisis del mismo y no militar, como si el Sr. Bush supiera algo de eso, es decir, como si hubiera aprendido que existen otras alternativas a las intervenciones bélicas para arreglar conflictos. A pesar de lo que se dice, dicho plan consiste en que los EEUU hacen una guerra por su cuenta en busca de talibanes, mientras que los demás países intentan una suerte de ayuda humanitaria o de reconstrucción de determinadas zonas en claves no beligerantes; si bien, a la postre, lo que se visualiza por todas partes es un ejército que pertenece a las fuerzas de OTAN. Una paradoja, como que por una parte intenten convencernos de que se pretende diseñar conforme a parámetros democráticos una sociedad compleja organizada en torno a los señores de la guerra, con una estructura social, económica y política que nada tiene que ver con el mundo occidental, y por otra se pidan insistentemente más soldados. En este punto, de nuevo España se ha negado a aumentar sus fuerzas en el conflicto. Pero esta nos es la única propuesta del Sr. Bush en la cumbre de la OTAN, a la que quiere expandir hacia el este en una especie de huída hacia adelante, con la incorporación a la "Europa democrática que se integra en la Alianza", como les gusta decir, de Albania, país en el que hace poco estalló un polvorín, lo que nos da una idea de las condiciones de seguridad que tienen sus arsenales; y de Croacia, que aún se está reponiendo de los estragos de una guerra difícil de olvidar. Pero la política expansionista no acaba ahí, pues se aplaza la incorporación de otros países, como Ucrania y Georgia, modelos de democracias que a buen seguro contribuirán a que Europa sea más segura con la ayuda del Sr. Putin. Y también se relega a otro Estado, en este caso a Macedonia, por razones muy distintas y de difícil explicación, ya que se requiere otro nombre para denominarla, un argumento de peso para diseñar la política de defensa europea.

Finalmente, el Sr. Bush sorprende con su propuesta del escudo antimisiles, su juguete preferido con el que rematar su triunfal mandato presidencial que nos ha dejado un mundo más inseguro, más quebrado, más ignorante del "otro", y en el que parece que la intervención militar se ha convertido en el gran argumento para beneficio de la industria e intereses norteamericanos. Sí señor, la dignidad de un presidente.

Rosario Valpuesta es catedrática de Derecho Civil de la Pablo de Olavide

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