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La solidaridad no está en crisis

La ayuda voluntaria compensa el poco respaldo de las administraciones públicas a las ONG.

el 01 ene 2012 / 20:48 h.

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Un voluntario traslada palés del Banco de Alimentos.

"Si hay gente que apadrina niños en el extranjero, ¿por qué no apadrinar familias aquí?, donde se pueden conocer físicamente". Así surgió el plan Apadrinamiento de Familia . Actividad que desde hace tres años vienen realizando los voluntarios más jóvenes de la fundación Prodean. Es el caso de Irene, Ana y Rocío, estudiantes de entre 19 y 21 años que circunstancialmente están en Sevilla cursando sus carreras universitarias.

Mientras los responsables políticos tratan de enderezar la economía, los responsables de distintas organizaciones como El Banco de Alimentos , la Fundación Prodean, Sevilla Acoge y Cáritas bregan a diario contra los efectos de las altas tasas de paro que sufre la ciudad. No sólo no ven mejoría sino que, además, están llegando a "cuotas indeseables de peticiones de ayuda".

Irene, Ana y Rocío, al tiempo que ofrecen tiempo y trabajo, aportan una pequeña cantidad de dinero e implican a sus compañeros de clase para conseguir aumentar el fondo -que suele rondar los 30 euros- con el que llenan la cesta de la compra que entregan a la familia apadrinada.

Desde hace dos años van cada viernes por la tarde a casa de Josefa, una mujer mayor de Triana que vive acompañada por sus nietos. En cada visita, las estudiantes le llevan productos básicos que le ayudan a pasar el mes, aunque afirman que ella nunca pide nada, sólo "compañía" y un ratito de "charla" que la entretenga. Sin embargo, no siempre son alimentos lo que necesitan los beneficiarios, hasta un batín y un sofá-cama ha recibido la trianera, a la que conocen bastante bien después de dos años.

Las jóvenes, que conocieron esta iniciativa a través de unos carteles pegados en el tablón de anuncio de sus facultades, esperan que cuando terminen la carrera y vuelvan a sus ciudades otros jóvenes comprometidos tomen el relevo, ya que hay muchas familias que necesitan este apoyo para salir adelante.

Esta actividad semanal es, según Felisa Castellanos, directora de Prodean, "un plan de sensibilización" para estimular la generosidad de las personas, al tiempo que es una fórmula para suplir los recortes en subvenciones de la administración pública, que parece olvidarse de los más necesitados cuando la crisis azota con más fuerza.

Pero afortunadamente no es el único caso de caridad desinteresada que se da en Sevilla. El Banco de Alimentos, desde su fundación en 1995, abastece de víveres de acuerdo a sus objetivos de "respeto a la dignidad de la personas" a 347 asociaciones de la capital y la provincia.

Tras superar los controles que hace el Banco para comprobar si las necesidades son reales, las asociaciones pasan a recibir periódicamente una cantidad de productos básicos, que según el gerente, Manuel Sillero, "no da de comer, sólo es una ayuda". Además, puntualiza que ha aparecido un nuevo perfil entre los beneficiarios. "Históricamente era el sin techo y ahora se le ha sumado el parado".

De igual modo, aclara, en las zonas agrarias la crisis se está paliando con la vuelta de los trabajadores de la construcción al campo, desplazando a los inmigrantes, un importante "movimiento sociológico", según Sillero. De esta forma, ha surgido una nueva "bolsa de necesitados", los inmigrantes que antes hacían tareas agrícolas, y ahora se ven sin empleo ni recursos. Aunque según el gerente, estos son "más astutos" que los españoles y se organizan rápidamente para pedir ayuda, cosa que los "vergonzantes" -como Sillero los llama- no hacen por pudor, prefiriendo buscar auxilio en la familia.

En estos momentos más de 30.000 personas comen gracias al Banco de Alimentos y a la multitud de voluntarios que trabajan desinteresadamente en él. Muestra de ello es la curiosa iniciativa emprendida por los Hermanos de la Caridad, quienes han creado un economato en el que entregan comida semanalmente a unas 80 personas de forma totalmente gratuita. La "tienda", que recibe alimentos del Banco, controla la entrega de víveres mediante una "cartilla de racionamiento" que cada uno de los beneficiados tiene a modo de cheque y que le sellan en el momento que retira la comida. Pero Sillero advierte de que el problema no se soluciona con la aportación de las grandes superficies y las donaciones privadas, sino que tiene que ser "la sociedad civil" quien debe "despertarse para corresponder a los necesitados".

Curiosamente, y a pesar de la situación por la que atraviesa el país, parece que la sensibilidad de los ciudadanos es mayor con los que más lo necesitan. En Cáritas , según la responsable de comunicación, María del Carmen Torres, las donaciones tanto de particulares como de empresas privadas están aumentando, si bien es cierto que algunas personas se han tenido que "ajustar el cinturón" y no han podido mantener la cuota de socio. Además esta institución, que pertenece a la iglesia católica, está acostumbrada a sobrevivir sin muchas subvenciones y ayudas de la administración pública por lo que, en este sentido, la crisis le está afectando en menor medida. Otra fuente importante de ingresos con la que resisten la "avalancha" de necesitados son las colectas que se realizan en las parroquias.

Sin embargo, la mayoría de las organizaciones no pueden mantener todos los servicios que en tiempo de bonanza económica ofrecían a sus peticionarios. Pueden atestiguarlo desde la fundación Sevilla Acoge , que se ocupa de asistir a uno de los colectivos más desfavorecido, el emigrante. Desde hace ya algunos años prescinden del servicio más valioso que prestaban: el jurídico. Según el presidente de la fundación, la situación se empezó a complicar para ellos en 2008 y nada indica que vaya a mejorar.

Los problemas a los que se enfrentan los inmigrantes son variopintos. Irregularidades en el permiso de residencia, despidos improcedentes o malos tratos son los más habituales. En el peor de los casos, y por difícil que sea de imaginar, las tres complicaciones le pueden ocurrir a una misma persona. Le sucedió a Latifa, una joven marroquí que, tras sufrir una larga historia de violencia de género en su país, llegó a Huelva a buscarse la vida para mantener a su familia. Pero lejos de poner fin a su problemas, acabó desahuciada por su jefe y buscando auxilio en Sevilla Acoge, que le ofreció alojamiento en una casa de acogida para mujeres inmigrantes en el municipio sevillano de Castilleja de la Cuesta. Pero, al haberlo suprimido a causa de sus apreturas económicas, lo que no han podido facilitarle es un abogado que la asesore para salir del lío en el que se encuentra. Además, necesita legalizar su situación para poder ver a sus tres hijos que la esperan en Fez y, que suplen el calor materno cuidados por su abuela.

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