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Cultura

La sorpresa llegó con Fernando Adrián

el 09 jul 2010 / 21:13 h.

Sin echar las campanas al vuelo, el desarrollo del segundo festejo de promoción celebrado en la noche del pasado jueves dista mucho del retablo de calamidades que inauguró el ciclo. Y el evento no pudo empezar mejor, poniendo en manos del aspirante más capaz y preparado el mejor novillo de un variado encierro de sangre Santacoloma que apretó sin ahogar al resto de los chicos.

Pero lo del madrileño Fernando Adrián fue otra cosa, una grata sorpresa que nos reconcilió con el escalafón menor gracias a una faena creciente en acople, temple e intensidad que mantuvo siempre la compostura. Adrián fue adaptándose a las bondades de su enemigo, puliendo poco a poco algún tironcito de más, sintiéndose siempre en los pases de pecho hasta relajarse por completo con un sobresaliente toreo al natural –naturalmente encajado, toreando con todo el cuerpo y llevando el palillo por el centro– en el que mostró todos los registros de su personalidad. La frialdad ambiental redujo el premio a una cicatera oreja que, en otras circunstancias, con otro público, habrían sido dos trofeos indiscutibles con los que marcar la diferencia.

En el resto del festejo hubo de todo y para todos aunque sin caer en el despropósito de hace sólo una semana. Sí contrastaron en exceso las estrafalarias formas del francés Juan Leal, que se entregó en una difícil portagayola para retorcerse en exceso –pulverizando cualquier atisbo de estética– con la muleta en la mano frente a un novillo que, con sus cositas, tuvo muchas posibilidades.

El tercero en discordia fue el algabeño Daniel Soto, que apuntó un aire abelmontando en el manejo del capote antes de emplearse en un trasteo de acople y expresión intermitente que no terminó de convencer del todo.

Le seguía en antigüedad un novillero cordobés, apodado El Zorro, que tuvo que pechar con uno de los erales más difíciles del envío de Pallarés. El rubio aspirante de la ciudad de los Califas mostró grandes dosis de voluntad en una labor embarullada y algo accidentada en la que acabó rodando por los suelos.

Y aunque su rostro era una estampa habitual en los tendidos y el ambientillo taurino sevillano, la presentación de El Nieto era uno de los puntos de interés del festejo. Un pelín escaso de gasolina, el chico sí mostró una personalidad diferenciada, un chispazo exclusivo que debe sumar a una mayor capacidad. Cuando fue capaz de acoplarse, El Nieto enseñó algunos muletazos plenos de ritmo y empaque, un toreo estatuario que llegó arriba.
El malagueño Antonio Santana fue el encargado de despedir la noche con una faena de más a menos que se acabó deslavazando por completo.

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