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La sorpresa llegó de México

Joselito Adame, que cortó una oreja, apuntaló un festejo hundido por la mansedumbre de los toros del Conde de la Maza.

el 16 abr 2012 / 21:14 h.

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PLAZA DE LA REAL MAESTRANZA
Ganado: Se lidiaron seis toros del Conde de la Maza, bien aunque desigualmente presentados y con un común fondo de absoluta mansedumbre. El primero apenas tuvo recorrido. El segundo, el mejor del encierro, tuvo un potable y enclasado pitón izquierdo. El tercero no quiso ni ver a los caballos y acabó derrumbándose en el último tercio. Cuarto y sexto, muy rajados, se dejaron y el quinto tuvo muy mal estilo
Matadores: Luis Bolívar, de pétalo de rosa y oro, silencio y ovación.
Salvador Cortés, de púrpura y oro, ovación y silencio.
Joselito Adame, de cal de Morón y algo de plata, ovación y oreja.
Incidencias: La plaza registró menos de media entrada en tarde nuevamente fría, ventosa y muy desapacible. Destacó el picador Juan Antonio Carbonell picando al quinto de la tarde.

La corrida tenía aires internacionales aunque la combinación de matadores parecía más apropiada para otros lares que para estas tardes de preferia que están siendo las más frías y desapacibles que se recuerdan en muchos años. Y si un colombiano, un español y un mexicano se habían acartelado en la plaza de la Maestranza para hacer un canto a la internacionalidad y universalidad de la Fiesta más culta del mundo, tuvo que ser el jovencísimo diestro azteca, que debutaba como matador en Sevilla, el que se llevara el gato al agua gracias a su enorme predisposición pero -sobre todo- a sus grandes cualidades para funcionar en el toreo.

Para él fue la única oreja del festejo, una oreja que se sobrepuso al preocupante fondo de mansedumbre del encierro del Conde de la Maza, fija cada año en el elenco ganadero abrileño. Pero Adame había salido verdadera y sinceramente dispuesto. Y así lo demostró con el precioso capuchino que hizo tercero, un toro que parecían haber sacado de esas viejas crónicas decimonónicas y que huyó hasta de su sombra en el primer tercio. Para completar el aguafuerte faltaron las banderillas negras que debieron rubricar una mansedumbre de libro que se reafirmó con su huida a chiqueros después del tercio de banderillas. Pero Adame se puso de verdad -seguro, solvente y capaz, siempre muy bien colocado- y le extrajo un puñado de muletazos de excelente factura que hicieron romper al toro hacia adelante. Parecía que había faena pero, inesperadamente, el bicho rodó por el suelo afligido por algo más que su pasmosa mansedumbre y ahí se acabó la fiesta.

Pero a Joselito Adame le quedaba el sexto aunque a esas alturas la mayoría de los paganos andaban locos por coger el paseo de Colón y meterse algo caliente. El personal se despertó definitivamente cuando el matador mexicano le enjaretó, gota a gota, un vistoso quite por lopecinas que remató con un recorte improvisado por el viento. La faena fue iniciada por estatuarios antes de tomar la mano izquierda en los mismos medios y sin una sola duda a la vez que arrancaba la música. No le importó a este Joselito del otro lado del charco que el toro del Conde de la Maza amagara con distraerse en cada pase. Supo sujetarlo a base de temple y buena colocación y torearlo con una sorprendente solvencia que se elevó de tono con una gran serie diestra abrochada con un sensacional trincherazo. La gente, por fin, estaba calentándose en los tendidos y la faena estaba hecha. Un final a pies juntos y una estocada suficiente fueron el mejor remate para este esperanzador trasteo que también eleva el papel de un joven diestro al que hay que tener muy en cuenta.

Moveremos ligeramente el globo terráqueo sin cambiar de continente. Abría este cartel de aires ecuménicos el colombiano Luis Bolívar, que tuvo que pechar en primer lugar con un voluminoso pero poco aparatoso ejemplar condeso que manseó con aire bronco desde que salió por la puerta de chiqueros. Cuando cogió la muleta le atizó un puñetazo en la hombrera a las primeras de cambio y se frenó siempre en los engaños, sin humillar nunca, con escasísimo recorrido y muy malas ideas. Bolívar estuvo delante más tiempo del recomendable y del que aconsejaba la paciencia de los espectadores.

Pero el diestro colombiano, que ya va sumando trienios sin que se produzca el despegue definitivo, se pudo desquitar en parte haciéndolo todo con el manso ejemplar que salió en cuarto lugar. Supo taparle siempre la puerta y atacarlo en tiempo y forma para arrancarle un buen puñado de muletazos que lograron calentar los tendidos en una nueva tarde gélida. Ahí lo hizo todo el colombiano y el público se lo supo agradecer.

Cambiando de orilla y de océano, hay que recordar que el sevillano Salvador Cortés tuvo en sus manos el ejemplar más bonancible del envío del Conde de la Maza. Fue el segundo y se dejó con franquía y cierta clase por el pitón izquierdo con algunas intermitencias aunque por el lado derecho no tuvo ni un solo pase. Cortés se templó de más a menos, especialmente en la más empacada primera serie, pero el trasteo no terminó de coger vuelo definitivo a la vez que se deshacía el acople inicial y se iba desinflando la embestida del toro del conde, al que le faltó un punto de duración y fue, con mucho, el más potable del mansísimo envío de ayer. Con la faena casi vencida, Salvador aún fue capaz de subir el nivel con un natural cambiado y uno de pecho sin enmendarse. Pero no fue suficiente

Con el quinto, uno de dos los peores de un mal encierro, cabían pocas opciones. Lo mejor de su lidia corrió a cargo del gran picador Carbonell, que lo aguantó con autoridad en un primer puyazo y le recetó un segundo de enciclopedia que debe contar para los premios. Cortés lo echó abajo de media muy desprendida después de esbozar una faena imposible por las tarascadas y el mal estilo del enemigo. Seis menos.

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