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La Staatsoper de Berlín recupera las voces 'silenciadas' por los nazis

La Staatsoper de Berlín devuelve la voz, mediante una exposición, a las víctimas del nacionalsocialismo que, por su condición de judíos o extranjeros, fueron apartados de los teatros alemanes por la política de "limpieza cultural".

el 15 sep 2009 / 04:51 h.

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La Staatsoper de Berlín devuelve la voz, mediante una exposición, a las víctimas del nacionalsocialismo que, por su condición de judíos o extranjeros, fueron apartados de los teatros alemanes por la política de "limpieza cultural" llevada a cabo durante el Tercer Reich.

Con la exposición "Ante el enmudecimiento", la Ópera Estatal (Staatsoper) rinde homenaje a 44 destacados miembros de esta institución que fueron apartados de los escenarios de Alemania, obligados a emigrar e incluso deportados a los campos de concentración.

Asimismo, la muestra dedica un apartado especial a recordar la historia de la Staatsoper Unter den Linden de Berlín, que se convirtió en la institución principal del entramado cultural ario, que los nazis organizaron bajo el sobrenombre de 'Kulturkampf' (lucha cultural).

En una lujosa sala de la ópera, doce tableros muestran los retratos y biografías de las víctimas, entre los que se encuentran ilustres compositores y directores como Otto Klemperer y Heinrich Kleiber, quienes se vieron forzados al exilio, así como la cantante de ópera Lotte Schöne y el maestro de capela Fritz Zweig.

Destaca también la figura del director Leo Blech, cuyo nombre apareció en 1933 entre los primeros de la lista elaborada por los nazis con la deshonrosa colaboración de otros miembros de la ópera.

Blech pudo salvarse gracias al director general de la Staatsoper, Heinz Tietjen, quien asumiría un gran protagonismo en la 'limpieza' nazi, pues era el encargado de proporcionar al régimen el listado con las personas que debían ser 'depuradas'.

Pero no sólo el grupo de músicos, también los actores sufrieron la limpieza étnica, así como los miembros del coro y de la orquesta menos conocidos.

Como muestra de la importancia que dieron los nazis al control de la cultura, Joseph Goebbels -ministro de la Propaganda del régimen- y Hermann Göring ejercieron un control directo y absoluto de teatros y óperas, ordenando la expulsión de todos los judíos y extranjeros, quienes, en palabras de Goebbels, no podían tener "ni idea de lo que significaba el arte alemán".

Además, y tras la promulgación de las leyes raciales de Nuremberg, en septiembre de 1935, se endurecieron las medidas y ya no habría más excepciones: miembros de la Staatsoper, como Klemperer, List y Kleiber se marcharían al exilio y otros fueron jubilados.

Hubo algunos integrantes de la ópera que, aun siendo 'arios', decidieron abandonar sus cargos en solidaridad con sus compañeros y como acción de protesta ante la política de 'pureza racial' nazi.

Otros, como el propio Tietjen y el director de la Filarmónica de Berlín, Wilhelm Furtwängler, que ascendieron en sus carreras durante el nacionalsocialismo, cargarían para siempre con la sombra de ese oscuro pasado.

También Richard Strauss, que compuso el himno para los Juegos Olímpicos de Berlín de 1936, fue puesto en entredicho al haber aceptado en 1933 la Presidencia de la 'Reichsmusikkammer'.

Durante el Tercer Reich, directores como Clemens Krauss y Herbert von Karajan proporcionaron esplendor a los teatros alemanes en unos años en los que Richard Wagner fue el compositor más laureado.

La exposición, que se inaugura este domingo, es fruto de la colaboración entre la Staatsoper de Berlín, el Centro Judío y la fundación "Contra el Olvido".

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