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Local

Las tapas cantadas de toda la vida

Bodega Consolación (Los Remedios). Bar de barrio con clientela fiel de años, que cuida las tapas tradicionales y la buena cerveza.

el 09 ene 2015 / 13:00 h.

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LA FICHA:

  • Dirección: C/ Virgen de Consolación, 15 (esquina Virgen del Valle). 41011 Sevilla.
  • Horario: De 08.00 a 24.00. Sábados de 09.00 a 17.30. Descanso sábados noche y domingos.
  • Propietario: Antonio Picón Sánchez.
GASTRONOMIA-01 No se extrañen ustedes si estando en la barra de la Bodeguita Consolación, el Consola, entra por el ventanal de la barra un gorrión y vuela hasta la cocina para picar algo. El mismo y a diario. No es lo único curioso de esta bodeguita de barrio, aunque ese barrio sea el de Los Remedios. Aquí el dueño se llama Antonio Picón Sánchez en el DNI y Curro detrás de la barra, cosas de esta Sevilla donde el cliente manda tanto que hasta le cambia el nombre al dueño. Un dueño que entró hace cincuenta años en el negocio como empleado, cuando no era ni el Conso ni el Consola, sino la Bodeguita Comandante, porque su dueño era un oficial de la policía... más cosas curiosas. Curro nos cuenta que en los setenta, cuando se juntaban jóvenes y no tan jóvenes del barrio y gente de la construcción –de cuando Los Remedios estaba en temporada alta–, hubo días en que se llegaron a tirar 500 litros de Cruzcampo del entonces tanque de salmuera que tenía el local. Las tapas del Consola ni se escriben en carta ni manchan de tiza ninguna pizarra. Aquí las tapas te las canta el camarero, como antes era normal, sin sorpresas, porque la cosa está entre los dos y los tres euros, y doy fe que son de buen tamaño. El bar está en buena esquina, con posibilidad de tomarse en la acera una cerveza al sol del mediodía. Dentro, buena barra, algunas mesas y unas barricas de apoyo. Sobre la barra, dos vitrinas refrigeradas, en la más cercana al cliente, tapas frescas, gambas y langostinos cocidos, huevas aliñadas, pimientos asados y aliñados y un salpicón de mariscos con langostinos, nada de palitos de surimi. En la vitrina de arriba, listas para el fuego, las tortillitas de camarones, langostinos con bacon, croquetas, flamenquines, setas –cuando hay–, y si no, champiñones que se ponen a la plancha con una salsita verde. Arriba de esa vitrina hay una maqueta de la cervecería que llevó en su día el dueño frente al Matadero, allí se hacía el menudo y las mollejas, y allí empezó a torear Diego Puerta, que había una foto del maestro Diego Valor toreando con ocho años. GASTRONOMIA-tapasDe cocina, a diario hay tapas que son santo y seña de la casa y del taperío sevillano tradicional, cola de toro y menudo con garbanzos. Los sábados o el día que encarte, hay otros guisos, como el cocido, las fabes, carne con tomate, hígado en salsa, sangre encebollada, sin olvidar en su temporada unos fantásticos caracoles. Ya se ha insinuado lo bien que se tira aquí la cerveza, fría –sin pasarse– para no perder todo el sabor, y de esas que entran fáciles varios vasos, justa acidez y sin llenar demasiado. Se usa la caña tradicional y el vaso de sidra pequeño, ambos a 1,20 euros. De vino se cumple el trámite con un tinto de la casa y un rioja Campo Viejo para los más rumbosos, en blancos el inevitable Verdejo que ahora se lleva y el aljarafeño Señorío de Heliche, yo, qué quieren que les diga, si prefieren vino tírense mejor por un mosto de Rociana del Condado. Aquí también se desayuna de lujo, mantecas de todas clases y el May Fly, que no es un grupo de la sicodelia setentera sino una tostada que puede ser de melva, de carne mechada o de jamón con aceite y tomate. La cola de toro en salsa con patatas fritas caseras está sabrosa y tierna, bien especiada sin pasarse, hasta ligera parece cuando se deshace en la boca. Un poquito más de casta tiene el menudo, cortado pequeño y generoso de garbanzos, rico también. Ahora que para garbanzos los del cocido, que viene en un simpático perolito con todos los avíos de la pringá incluido, de calabaza y con patata, gustoso, de tiernos garbanzos, que bien entra con el de Rociana. Lo de los peroles resulta original, los guisos se sirven casi todos en ellos, al igual que los chanquetes con pimientos asados y el de papas, huevo y chorizo. Se come de manera suculenta, tradicional y, acompañando con buen mosto y buena cerveza, sale uno como un príncipe por menos de 10 euros. El servicio es atento, rápido y profesional, sin confianzas que no vienen al caso. Ayudando a Curro en la barra está Jesús, con más de diez años en plantilla. De la cocina se encarga Carmelo, hombre serio y de generosas patillas que habla lo que tiene que hablar y cocina con buena mano. También lleva sus buenos 15 años en la casa.

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