Economía

La tecnología, ese aliado incómodo

El responsable de Google en España ironiza sobre el estrés de la nueva sociedad de la información y las comunicaciones.

el 26 feb 2014 / 23:10 h.

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15537558«La tecnología va muy deprisa, y eso genera mucho estrés. Yo me siento incómodo, y he asumido que voy a estar incómodo hasta que me muera, pero lo voy a contrarrestar con otros sentimientos, como la emoción de poder cambiar las cosas». Con este mensaje sobre la necesidad de subirse al tren de la tecnología a pesar de los pesares cerró ayer Javier Rodríguez Zapatero, responsable de Google en España, Portugal, Turquía, Oriente Medio y el norte de África, su conferencia en la inauguración de la sede de la asociación Adigital en Andalucía. La charla fue un recorrido por la la senda de las innovaciones tecnológicas que, conducido por un experimentado orador, a ratos parecía futurista y a continuación desvelaba con ironía que casi todo lo que parece novedoso está ya anticuado. Ante eso, Rodríguez Zapatero dejaba clara la disyuntiva:o nos preparamos para la sociedad digital y lo convertimos en oportunidades, o será una amenaza para nosotros. El responsable de Google, un confeso «optimista digital», rimó primero las ventajas, como la de viajar en AVE y poder hacer al mismo tiempo videoconferencias con su mujer, reservar un viaje con los amigos y pagar la hipoteca mientras vacía la bandeja de entrada de su buzón de correos en una «oficina móvil con vistas». O ser capaz de localizar cualquier cosa en cualquier momento, en un tiempo récord, como hacen las nuevas generaciones sin pensar siquiera en que hubo un tiempo en que no era así. Una imagen hizo evidente cómo ha cambiado la forma en que se generan estos contenidos: las fotografías de la plaza de San Pedro en Roma durante las dos últimas proclamaciones del Papa, la de Joseph Ratzinger en 2005 y la de Jorge Bergoglio en 2013. En la primera, todos los fieles miraban hacia el balcón, «un acto que al día siguiente llegó al mundo a través de la prensa». En la segunda, decenas de móviles y tabletas recogían el momento, que fue retransmitido en tiempo real por los asistentes y reproducido a través de las redes sociales de inmediato. «Un tercio de la humanidad está conectada a internet, y generar contenidos cuesta cada año la mitad que el anterior», explicó, antes de detallar que el 90 por ciento de la gente sólo deja el móvil para acostarse... y el 10 por ciento restante se acuesta con él. «Con cada vez más información, la ventaja está ahora en cómo accedemos a ella», señaló el responsable de Google, una compañía que recibe cada día 250 millones de solicitudes de búsquedas en España. Rodríguez Zapatero llamó la atención sobre los augurios de que el auge de internet acabaría con la vida social, destacando que en España, el país de los bares, la tecnología lo ha potenciado: «El año pasado se duplico la cifra de móviles con acceso a internet precisamente por eso, porque nos gusta estar en la calle». Sin embargo, todo eso es ya el pasado, si se atiende a los usos que enumeró el responsable de Google, que tiene configurado el móvil con sus electrodomésticos para que cuando llegue a su casa la tele ya le esté ofreciendo el partido del Real Madrid, pero la nevera le niegue una Cruzcampo tras comprobar que durante el día no ha gastado las calorías necesarias para merecérsela. En ese entorno, las gafas de Google no harán sino facilitar la forma en que se accede a esa información; los retos pueden ser otros, como los coches sin conductor que también desarrolla la compañía –que ya han llevado al estado norteamericano de California a cambiar su legislación para permitir que circulen por sus calles– o lo que Rodríguez Zapatero presentó como uno de los principales sueños de Google: democratizar de verdad el acceso a la tecnología y la información haciéndolas llegar no sólo al mundo civilizado, sino también a los dos tercios del planeta a los que aún ni se acerca. ¿Cómo? Google planteó hace años, y está probando con éxito en Nueva Zelanda, un sistema de globos aerostáticos que, situados a 20.000 metros de altura, generan un cono de cobertura de internet, de forma mucho más barata que la implantación por tierra que se ha llevado a cabo hasta ahora. Y a través de internet, la educación, la sanidad o las mejoras agrícolas alcanzarían a toda la poblacion mundial. Lo dicho, un sueño. El reto tiene incertidumbres: frente a un momento en el que, gracias a las redes sociales, el individuo se ha puesto en el centro del mundo, el futuro son la información y «las cosas»: la infinita cantidad de datos que cada vez se procesan más rápido, «con efectos para la humanidad que no me atrevo a adivinar»;o esa nevera conectada al móvil, con una verdadera inteligencia artificial. Un sociedad permanentemente conectada, siempre ocupada, en la que el poder se reparte de otra manera, muy exigente y poco tolerante con los fallos, donde la rapidez va a ser imprescindible... una sociedad estresada. «Y eso no va a cambiar. Hay que asumirlo: voy a estar incómodo hasta que me muera. Incómodamente emocionado».

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