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La televisión, problemas de futuro

Con la misma rapidez que la tecnología cambia, lo hacen los hábitos de consumo de los usuarios de la televisión. Y con ello todo lo demás, la publicidad que la sostiene, las técnicas de comunicación y, obviamente, el arte de programar que no todos dominan ya. Un planteamiento habitual de ciertos líderes de opinión basa en este profundo cambio de la realidad...

el 15 sep 2009 / 11:37 h.

Con la misma rapidez que la tecnología cambia, lo hacen los hábitos de consumo de los usuarios de la televisión. Y con ello todo lo demás, la publicidad que la sostiene, las técnicas de comunicación y, obviamente, el arte de programar que no todos dominan ya.

Un planteamiento habitual de ciertos líderes de opinión basa en este profundo cambio de la realidad audiovisual la defensa de la privatización de todas las televisiones. Pero la enorme diversificación de la oferta otorga al espectador una elevada posición de libertad de elección del programa que desea ver.

Por tanto, ahora más que nunca resulta razonable que los poderes públicos, nacionales, regionales o locales dispongan de su propio canal de televisión, como cualquier otro. Sería un abandono de funciones que el sector público renunciase a utilizar un medio tan usual para mandar sus mensajes, articular un cierto modelo de sociedad no basado en el interés publicitario y para ofrecer programas que capten la atención de la gente. Y todo ello sin esparcir vísceras por el plató.

La gente empieza a no ser fiel a las cadenas para pasar a serlo a los programas. Y por ahí van las cosas. Todo indica que cada vez es más difícil fidelizar a la audiencia. Y pretender logarlo echando a las televisiones públicas es demasiado torpe para resultar defendible.

Los programadores de televisión no están muy seguros de cómo deberán hacer su trabajo en cuanto la información y el entretenimiento entren en las casas por mil sitios diferentes. Lo de educar es otro tema. No vale en eso decir: ¡vamos a educar a la gente! con un programa específico. Mientras deseducas con otro que viene antes o después. La educación es un todo que no admite compartimentarla.

Con este panorama resulta difícil de entender la gran atención que se dedica a una parte del problema, sin duda, importante pero no tanto, como es la elección del director general de la cadena pública. Probablemente es que se le pida al postulante un perfil tan polifacético que no esté al alcance de la naturaleza humana. Máxime cuando el último ha sido el mejor.

Abogado

crosadoc@gmail.com

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