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La tercera clave del 23-F

Sabino Fernández Campo, jefe de la Casa del Rey, falleció ayer en Madrid a los 91 años y será recordado, entre otras cosas, por estar junto al monarca el 23 de febrero de 1981.

el 26 oct 2009 / 20:53 h.

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El Rey saluda a Fernández Campo en La Zarzuela en 2007.

Cuando Sabino Fernández Campo se alistó en las tropas falangistas con 18 años para combatir en la Guerra Civil contra las tropas republicanas en su Asturias natal nunca pensaría, ni sus enemigos del frente con los que se intercambiaba chocolate, que el día de su muerte sería recordado como uno de los grandes pilares en los que se apoyó la joven democracia española para no hundirse en aquel golpe de Estado del 23-F.

Fernández Campo (Oviedo, 1918), falleció la madrugada de ayer lunes en una clínica de Madrid. Tenía 91 años, diez hijos, una extensísima lista de condecoraciones conseguidas a base de trabajo y lealtad a la Corona española en general y al rey Juan Carlos I, en particular. Entre ellas destaca el cargo de teniente general honorífico, único caso en todo el cuerpo. Se casó dos veces tras enviudar de su primera mujer. También tuvo que sacar fuerzas de donde apenas las puede sacar cualquier ser humano para sobreponerse a la muerte de cuatro de sus hijos. Para eso último sí reconoció en más de una ocasión que nunca estuvo preparado.

En 1977 fue nombrado secretario general de la Casa del Rey, un cargo de libre designación por el monarca que vio en él al hombre que necesitaba para que la Monarquía continuara rodando en España 78 después de que Alfonso XIII suspendiera el poder real y partiera hacia el exilio. Los adjetivos que más pronunciaron quienes le recordaban ayer fueron discreto, silencioso, trabajador, honrado y, fundamentalmente, leal.

Sólo el paso de los años ha sido capaz de lustrar al máximo esta última cualidad. Tantos años al servicio del Rey han dado para multitud de cuestiones e interrogantes, banales o cargadas sustancia, que siempre se negó a contestar. "Lo que puedo decir no interesa, y lo que interesa es lo que puedo decir", explicó en alguna ocasión Fernández Campo para justificar sus silencios.

Pero Fernández Campo ha pasado ya a la historia de este país precisamente por sí decir algo. Y alto y claro, como buen militar. Fue durante el golpe de Estado del 23-F. En 1981. El general Alfonso Armada (su antecesor en el cargo al servicio del Rey) manejaba los hilos de los golpistas que entraron en el Congreso de los Diputados.

A su vez, Fernández Campo permanecía junto al monarca en el Palacio de la Zarzuela manejando los hilos del Rey, que realmente sostenían una libertad que había costado conseguir cuatro décadas. Fernández Campo, también humilde, siempre explicó que su labor se limitó a atender el teléfono, poner al Rey en contacto con los diferentes estamentos del Ejército, mantenerlo al tanto de todo lo que ocurría en el Congreso de los Diputados en la ya triste y famosa noche de los transistores. Pero no fue del todo como él contaba.

Suya fue la famosa frase tras una pregunta del general Juste (general de la división acorazada Brunete) sobre si Armada había llegado al Palacio de la Zarzuela. "Ni está, ni se le espera", respondió dejando bien claro a su interlocutor que quienes pretendían eliminar de nuevo las libertades en España habían dado un mal paso.

Fernández Campo, que también influyó en la educación del Príncipe de Asturias y en la creación de la Fundación que lleva su nombre, ocupó su puesto de secretario general hasta el 22 de enero de 1990, cuando fue nombrado jefe de la Casa de Su Majestad, en sustitución de Nicolás Cotoner, marqués de Mondéjar. El 8 de enero de 1993 cesó como jefe de la Casa del Rey, puesto en el que fue sustituido por el diplomático José Fernando Almansa, y don Juan Carlos le nombró en ese momento consejero privado vitalicio, al tiempo que se le otorgó la Gran Cruz de Carlos II. Un año antes, el Rey le concedió la distinción de Conde de Latores, título con Grandeza de España, en honor al pueblo asturiano en el que había nacido el padre de Fernández Campo.

El duelo. Durante toda la jornada de ayer, numerosas personalidades del país se acercaron al tanatorio madrileño donde se encontraba el duelo de Fernández Campo para dar el pésame a sus familiares. Las infantas Elena y Cristina de Borbón fueron de las primeras en llegar por la mañana, y consolaron durante unos quince minutos a los hijos y su viuda, María Teresa Álvarez. Lo mismo hicieron los Reyes de España, quienes se desplazaron al tanatorio por la tarde.

También el presidente del Congreso, José Bono, tras visitar la capilla ardiente, calificó a Fernández Campo de "gran patriota", que "no tenía amor superior que el amor a España". Por su parte, el presidente del PP, Mariano Rajoy, en un telegrama enviado a la familia, consideró "una triste noticia" la muerte de Fernández Campo, un "ejemplo de entrega, integridad y lealtad constitucional" que "permanecerá vivo en la memoria de millones de españoles".

Mientras tanto, el PSOE reconoció en el Conde de Latores "un gran servidor del Estado" que "dio muestras de ser un fiel defensor de la democracia y de la monarquía parlamentaria española". El alcalde de Madrid, Alberto Ruiz Gallardón, aseguró que fue una de las tres personas que tenían "nombre propio" en la transición. Los restos mortales de Fernández Campo serán inhumados hoy en Oviedo tras el funeral que se celebrará a las 17.00 horas en la seo ovetense.

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