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La Tierra tiembla como siempre

Los últimos y destructivos seísmos entran dentro de la normal, según los expertos.

el 14 mar 2010 / 20:20 h.

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Primero fue Haití, luego Chile, más tarde Taiwán y ahora Turquía. Desde que comenzó 2010 se han sucedido numerosos movimientos sísmicos de gran intensidad y tan destructivos que han arrasado países y sesgado miles de vidas humanas. El geólogo y catedrático de Geodinámica interna y Sismología de la Universidad Complutense de Madrid, Ramón Capote, asegura que el comportamiento tectónico de la Tierra es normal. De hecho, afirma que al año se producen 1,5 millones de movimientos sísmicos, de los cuales 500.000 son detectables y cerca de 100 causan daños.

Capote subraya que el hecho de que sucedan en zonas tan dispares como Haití o Turquía no tiene relación científica ninguna y que coincidan en el tiempo es pura casualidad. Según éste, sólo los avances científicos y la atención de los medios de comunicación producen la sensación de que cada vez son más frecuentes los seísmos.

La destrucción que provocan estos movimientos depende de varios factores: por un lado, la situación del epicentro -punto de la tierra que queda justo encima de donde se ha producido el movimiento- y la distancia de éste a una ciudad o población; por otro, la calidad de la construcción de los edificios. De hecho el terremoto de mayor intensidad ocurrido hasta ahora ha sido el de Chile (8,8 grados en la escala Richter), sin embargo el más destructivo ha sido el de Haití, de 7 grados, con más de 220.000 muertos. Pero en Haití la distancia de la población al epicentro era muy poca, se localizaba justo debajo de la ciudad de Puerto Príncipe y la atenuación de las ondas fue inexistente. Además Haití es el país más pobre de América y sus construcciones eran de muy baja calidad mientras que Chile goza de mayor estabilidad económica y los edificios resistieron más el golpe.

Los daños también dependen del comportamiento del terreno; por ejemplo, si el epicentro está cerca de una bolsa de agua, al moverse la tierra se convertirá en un fluido y el terreno se puede hundir más fácilmente.

La corteza de la tierra está fragmentada y dividida en diferentes plataformas que se van moviendo continuamente, acumulando energía elástica y produciendo fricciones que dan lugar a la rotura de las fallas -discontinuidad en el borde de las placas producida por el movimiento de éstas- al hacer presión hay fracturas y se rompen bruscamente liberando la energía acumulada, que posteriormente se irradia. Así se produce un terremoto. Luego las ondas de energía se expanden y se distorsionan y al liberarse se producen lo que se conoce como réplicas.

De hecho éstas pueden producirse durante varios meses después del seísmo inicial, e incluso durar hasta un año, pero cada vez se van sintiendo menos.

El seísmo de Chile provocó una rotura de 350 kilómetros de longitud. Tras ésta la zona se reajusta y se producen nuevos terremotos. "La última réplica de 7 grados en Chile no fue en realidad una réplica sino un nuevo terremoto, pero de menor intensidad que fue provocado por el reajuste que sufre el terreno tras la rotura inicial", explica Capote. Esto es debido a que una falla rota influye en otra cercana, cuando ocurre esto se denomina terremoto inducido. Por ejemplo en El Salvador este tipo de terremotos son muy frecuentes. El problema de las réplicas es que, aunque sean de menor intensidad, los edificios ya están afectados y hay más riesgo de que se caigan.

España se encuentra en el borde de dos placas, la euroasiática y la africana, por lo que también hay riesgo de terremotos y tsunamis en la Península Ibérica, pero en esta zona no serían de grandes magnitudes porque la velocidad de desplazamiento de la placa es menor y, por tanto, la energía acumulada es menor también. La placa africana se mueve un centímetro al año y eso no se nota. Sin embargo, la de Chile se mueve 10 veces más rápido con lo cual la carga de energía se acumula más rápidamente y provoca que se rompa antes.

Aún es imposible predecir el día y la hora en la que habrá un terremoto y Capote avanza que se tardarán muchos años en conseguirlo porque eso "supone saber perfectamente cómo funciona cada estructura terrestre". Lo que sí se puede predecir es en qué zona se producirá. De hecho, en un trabajo que se presentó en 2009 se había observado que en la zona sur y norte de Chile se habían producido numerosos movimiento, pero ninguno en la zona céntrica. Entonces los geólogos chilenos y franceses afirmaron que la zona central del país podía sufrir una rotura de unos 300 kilómetros y que el seísmo podría ser de una magnitud de 8,5; es decir, "han acertado, ha habido una predicción", dice Capote. Es vital porque ante un seísmo lo importante es la prevención.

En España, pese a sufrir una moderada sismicidad, hay también una serie de códigos constructivos, normas sismorresistentes para evitar que en caso de terremoto se dañen los edificios. Además hay planes de protección civil para saber cómo actuar en caso de temblores ya que, según el profesor Ramón Capote, "lo más importante es la prevención".

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