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La tormenta perfecta de Arenas

En unos días ha tenido que hacer frente a las protestas por la reforma laboral, la convocatoria de paro general o el copago.

el 19 mar 2012 / 11:55 h.

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El Rey junto a las principales personalidades de la política nacional y andaluz, pronuncia su discurso para conmemorar el 200 aniversario de la 'Pepa'.

Si la fuerte oleada de cambio que sopla en España de norte a sur no fuera tan indiscutible, si los 30 años de hegemonía socialista en Andalucía no fueran una pesada losa sobre los hombres de Griñán, si más de un millón de andaluces no estuvieran en paro (y con escasas perspectivas de encontrar pronto un trabajo), si la trama de los ERE no fuera tan escandalosa y obscena, si las del 25-M no fueran las terceras elecciones en apenas 10 meses; hoy Javier Arenas estaría en un lío. ¿Por qué? Sencillo. En esta cita con las urnas el PP siempre ha tenido la ventaja de campo, por mucho que el PSOE haya intentado colocar una barrera kilométrica entre estos comicios y las generales del 20-N. Inútil, según los nuevos sondeos publicados este pasado fin de semana. La crisis económica y la gestión de Zapatero, el irrefrenable aumento del número de desempleados, el lógico desgaste de tantísimos años de gobierno... siempre han jugado en contra de los socialistas. A pesar de la prórroga que Griñán se sacó de la manga. Pero en unos pocos días en torno a Arenas se ha ido formando una tormenta perfecta que ha encadenado violentas rachas de viento (protestas contra la reforma laboral), fuertes lluvias (convocatoria de una huelga general) y una brusca bajada de las temperaturas (copago sanitario y debates electorales frustrados). La Ley de Murphy en su máxima expresión: "Si algo puede salir mal, saldrá mal".

Hace más de un año (incluso dos) que Arenas y el PP se ven ganando los comicios andaluces por primera vez en la historia de la democracia. Y se sienten triunfadores porque desde hace meses así se lo dicen las encuestas. Y por ello Arenas y su equipo (al igual que ya hizo Rajoy) apostaron hace tiempo por una campaña de perfil bajo, de guante blanco, con el objetivo de evitar despertar al desencantado y desmovilizado electorado socialista. A estas alturas del partido los populares tienen mucho más que perder, que ganar. Sin embargo, Arenas está tocando más balón del que desearía. Estaba cantado que el candidato del PP-A no iba a ponerse la camiseta de Messi o Cristiano Ronaldo, pero tampoco parece que quisiera el papel de Xavi: repartir juego.

Al igual que la crisis económica se ha llevado por delante derechos sociales conquistados tras años de lucha, también ha pulverizado los tiempos de la política. El Ejecutivo de Rajoy ha tenido que tomar en menos de 100 días medidas muy impopulares y frenar otras para mermar lo menos posible las aspiraciones de Arenas de convertirse en presidente de la Junta de Andalucía. Los Presupuestos (y sus consecuentes recortes) no los conoceremos hasta cinco días después de la celebración de los comicios. Arenas no sólo necesita ganar, tiene que arrasar para evitar que un hipotético pacto entre PSOE e IU lo deje fuera de San Telmo (o de la residencia que elija si finalmente resulta ganador).

En el PP ya saben lo que es que te empaten en el tiempo de descuento e incluso perder unas elecciones en el último minuto. Lo primero le ocurrió en 1996 cuando se daba por seguro el aplastante triunfo de José María Aznar frente a Felipe González. Entonces los votantes socialistas acudieron en masa a votar y la victoria del presidente de honor del PP fue por la mínima, necesitando el apoyo de CiU y PNV para gobernar. Y lo segundo sucedió en 2004. La nefasta gestión de los atentados de Madrid terminó por declinar la balanza en favor del PSOE de Zapatero. Hoy esos vuelcos en los resultados del 25-M parecen imposible. El triunfo de Arenas es incuestionable y su coronación, también.

Pero antes de alcanzar la meta le ha tocado bailar con la más fea. A pesar de lo que algunos medios de comunicación intentan vender, la contestación social contra una reforma laboral que abarata el despido y deja en la cuneta importantísimos logros sociales ha prendido entre la ciudadanía. Hasta tal punto que los sindicatos han convocado un paro general para el 29 de marzo contra un gobierno que apenas lleva 100 días en el poder. No es menos espinoso el asunto del copago sanitario. Mientras Arenas se esfuerza por rechazar la implantación de esta medida en Andalucía, sus compañeros en Cataluña favorecen con su abstención su aprobación, y los de Galicia y Madrid reclaman que se paguen los medicamentos en función de las rentas.

Por si fuera poco la Audiencia Nacional ha reabierto el caso de corrupción Gürtel contra el extesorero del PP Luis Bárcenas, entre otros, y hombre de confianza de Arenas cuando fue secretario general de los populares. O a los casos de enchufismo por parte de algunos miembros del Gobierno y del partido.

Pues sí, Arenas estaría hoy en un lío si el 70% de los ciudadanos no considerara que Andalucía necesita un cambio.

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