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"La tradición no es un obstáculo, sino una referencia para saber de dónde venimos"

El sello hispalense Libros en Huida publica el primer libro de una autora que plasma en sus versos el tema, de larga tradición en la literatura, de los vacíos amorosos y de su somatización física

el 08 oct 2012 / 08:47 h.

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El pasado martes tuvo lugar en La Carbonería de Sevilla el acto de presentación del debut poético de la escritora onubense Irene Nárdiz (Isla Cristina, 1984), sevillana de adopción, que lleva por título Síndrome de ausencia y acaba de ver la luz bajo los auspicios del activo sello Ediciones en Huida.

En palabras de la propia autora, Síndrome de ausencia es el resultado de una confesión y de un ejercicio de literoterapia: "Es una historia, un episodio de mi vida que necesito contar y cuento después de un tiempo callado. Fue, además, un proceso de sanación. Cuanto más escribía, mejor me sentía", recuerda.

"Es también un acto de desnudez", prosigue Nárdiz, "otra manera de las miles que busco a diario para vencer este lado tan tímido que tengo. Escribir me permite expresar con palabras emociones que tal vez no me salgan tan espontáneamente con un gesto más evidente".

En la búsqueda de un discurso propio, a la autora no le pesa la larga tradición que habla del vacío amoroso. "No creo que la tradición limite en el momento actual la manera de expresar el amor y sus dolores. Sencillamente el lenguaje cambia, aunque levemente. Y también, tal vez, las formas de expresarlo. Pero la tradición no la entiendo como un obstáculo con el que hay que ponerse al nivel, sino un punto de referencia para no perder la idea de dónde venimos", explica.

En su caso, Nárdiz muestra interés por "aquellos autores que encuentro más afines y parecidos a mi forma de escribir, aquellos que utilizan una retórica compleja los siento lejanos y crípticos. Un ejemplo de poetas que me gustan y me hacen vibrar son, por ejemplo, Karmelo Iribarren o Wislawa Szymborska", y añade a renglón seguido: "Aunque por ejemplo, Neruda también me parece muy claro y me llega, por nombrar a un clásico".

Para Irene Nárdiz, este debut editorial le permite también reflexionar sobre el papel que juegan los jóvenes poetas en la vida cultural sevillana: "Lo bueno es dar salida a algo que respeto profundamente como son las artes, sea cual sea. Lo malo, para mí, como dije antes, es el hecho de sentirme expuesta. Siento que me aturullo un poco cuando la gente se acerca, quiere una dedicatoria, me felicita, etcétera. Me llega al alma, pero me lo he encontrado todo un poco de repente".

"Lo malo también es la incertidumbre, si el apoyo que me ha brindado la editorial se va a ver reflejado con la respuesta del público. Considero que 200 ejemplares son mucha responsabilidad. Lo bueno es conocer ciudades, sitios nuevos, compartir experiencias con otros autores. Otro elemento negativo puede ser la pérdida de perspectiva: creo que es bastante fácil dejarse llevar por las luces de la gloria y perder el norte. Que yo entiendo que es seguir leyendo, escribiendo y respetando la profesión del escritor", apostilla.

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