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La Triana de siempre colorea el arte de la Velá

el 20 jul 2012 / 21:49 h.

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En Triana ya brillan los faroles sobre el río. Sus calles se visten de Velá para vivir esos días señalaítos en los que los trianeros disfrutan de la fiesta que recuerda aquel barrio que se fue. Una época de arte y gracia que hoy siga reluciendo en los últimos resquicios de esas calles "en color sepia" que narró entre estampas costumbristas el intenso pregón que pronunciara anoche Agustín Pérez entre los corrales del viejo Hotel Triana. Pistoletazo de salida a una fiesta que inundará el barrio hasta el 26 de julio , desde su epicentro en la calle Betis.

En su recorrido por un texto dulce y casi musitado, el pregonero narró "mil piropos" a esa Triana -tres Anas- que marcaron su vida hasta llevarlo ante el atril de los sueños para pronunciar un pregón "que llevaba sesenta años esperando". No faltaron los guiños a los trianeros con arte que forjaron el santo y seña de la gracia que emana cada Velá en la otra orilla del Guadalquivir . Su recuerdo inspirado para todos, especialmente para aquellos que en la noche de ayer recibieron de manos del alcalde de la ciudad los premios que les galardonaban como trianeros de honor, del año y adoptivos.

Narró su Triana, "porque cada uno tiene la suya" y la pintó "de colores". Comenzó con el sepia "de las casitas de la Dársena", se paseó por el albero "que tomaron de la Maestranza para pintar la fachada de Santa Ana", imaginó el azul de ese río "al que envidio por no besarte" y acabó en el verde "de la Esperanza". Así, entre una paleta de recuerdos, el pregonero fue capaz de ganarse el aplauso emocionado del público que llenó el Hotel Triana, haciéndose partícipe de cada verso que pronunció en sus palabras.
No faltó la denuncia social, ahí fue donde acabó por conectar con los trianeros. Reclamó que San Jacinto volviera a ser "la arteria de Triana" y criticó con dureza la modernización de algunas de las casetas que dibujan durante la Velá la silueta de la calle Betis. "Que sólo haya banderas de Triana", replicaba entre un incensante aplauso que casi no lo dejó adormecer sus últimas palabras de la noche.

Le emoción inundó su escenario de viejos corrales cuando la guitarra anunció las sevillanas. En su paseo por la Triana más cofrade, el pregonero hizo gala del quejío para soñar con El Cachorro. La noche se inundaba de emociones. En el ambiente resonaba... el Cachorro a mi me ha dicho que este año va al Rocío, y como un recuerdo de carretas y Simpecado, los trianeros se unieron a la fiesta de la palabra que enrojeció al barrio entre los versos de siempre que pronunció el pregonero, antes de que la luz volviera a descubrir el sueño de julio.

Con la venia concedida, la magia de la Velá recorrió las calles del entorno -las mismas que no se cansó de alabar el pregonero- para iluminar oficialmente la fiesta desde el Altozano. Fue el alcalde quien, por segundo año consecutivo, pulsó el botón de la magia que llenó de color los faroles sobre el Puente. Ahora sí que había comenzado la Velá de Santa Ana para los trianeros.

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