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La última bala del cartucho

A falta de cinco jornadas para el final, las esperanzas sevillistas de clasificarse para la Liga de Campeones, aún vivas pese a los tropiezos, pasan por ganar en Murcia y esperar. Esperar a nuevos regalos atléticos. Pero la primera premisa pasa por el equipo de Jiménez. Foto: Juanma Rodríguez.

el 15 sep 2009 / 03:44 h.

A falta de cinco jornadas para el final, las esperanzas sevillistas de clasificarse para la Liga de Campeones, aún vivas pese a los tropiezos, pasan por ganar en Murcia y esperar. Esperar a nuevos regalos atléticos. Pero la primera premisa pasa por el equipo de Jiménez, y visto lo visto la semana pasada, es lo más preocupante.

No es el Atlético de Madrid el equipo más fiable del mundo, más bien todo lo contrario, y por eso a estas alturas este inestable Sevilla sigue soñando con repetir lo logrado la temporada pasada pese a su deterioro evidente. La Liga de Campeones sigue siendo un objetivo factible, pero también difícil. Quedan puntos, 15, pero menos, y sigue habiendo rivales para ese pelea, el Atlético y el Racing. Pero más que los ajenos, los problemas más preocupantes son los propios. El Sevilla confirmó la semana pasada, de manera bochornosa, que es un equipo tan poco fiable como el que tiene por sede el Vicente Calderón, al menos hasta esta jornada, la 34 del Campeonato de Liga. Y por ahí debe empezar a corregirse el equipo de Manolo Jiménez si quiere dar un estocazo en este tramo final de competición.

Ante el Almería las carencias demostradas fueron enormes. Ya no se sabe bien si por las directrices confusas desde el banquillo, si por el mal estado físico del equipo o si por el gran día vivido por el Almería en el Ramón Sánchez Pizjuán. El caso es que la imagen fue desoladora. La batalla entre esa mediocridad y la chispa existente en unos jugadores de enorme calidad que cuando la ponen al servicio del equipo hacen funcionar la orquesta completan esta disyuntiva que se pone a prueba, de manera casi definitiva ya, esta noche en Murcia, cómo no, a partir de las diez y por la Sexta.

El conjunto de Jiménez y Jiménez mismo tienen ante sí una prueba definitiva. En la recámara de la confianza ya no queda ni una bala, ni en la de la clasificación tampoco. Todo lo que no sea ganar ante el casi descendido conjunto pimentonero será un fiasco tremebundo que no puede quedar sin consecuencias. Si no a corto plazo, porque ya poco se podría arreglar, si a medio plazo, es decir, la temporada que viene. Porque cuando suenan ya para el futuro los nombres de posibles técnicos, el actual en el banquillo sevillista debe demostrar que también él debe estar en ese abanico de posibilidades. Y hasta el momento cuenta con más papeletas de quedarse fuera del sorteo que de entrar por derecho propio. Eso también se juega hoy Jiménez, que, como el Sevilla, pelea por su futuro cercano.

Sin Kanouté. Como está siendo habitual esta temporada el Sevilla afronta este vital encuentro con bajas en defensa. En este caso, a la reiterada de Javi Navarro -desde julio- y a la prolongada de Escudé se une la de Mosquera por lesión -aunque el nivel que estaba ofreciendo el colombiano relativiza la trascendencia de su ausencia- y la de Adriano, sancionado dos partidos. En compensación, Jiménez recupera a Dragutinovic después de más de casi dos meses, aunque su concurso de inicio está en el aire y de él depende la posición de Fazio (central o pivote). En ataque, la baja de Kanouté por lesión en el talón será subsanada con la fórmula utilizada por el del Arahal en las dos últimas victorias: Renato de enganche y Luis Fabiano en punta. Esta opción -la otra es Koné- podría dar sitio a Maresca, otra de las novedades tras sus cuatro partidos de castigo. Todas las fórmulas deben ser válidas para batir a un equipo con medio pie en Segunda y seguir manteniendo viva la llama de la Liga de Campeones.

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