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Cultura

La valla publicitaria como metáfora de la desolación

El fotógrafo sevillano Eduardo D’Acosta expone en la galería Birimbao sus últimos trabajos

el 15 abr 2012 / 21:12 h.

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En los últimos años, quienes acompañaban a Eduardo D'Acosta en sus viajes por carretera sabían a lo que se exponían: un trayecto relativamente corto, de Sevilla a Málaga por ejemplo, podía demorar cinco o siete horas. La razón es que este artista, nacido en Gerena en 1975, andaba obsesionado con las vallas publicitarias abandonadas. Y si alguien quiere saber el resultado de tal fijación, que le ha llevado a fotografiar más de 200 por toda España y el sur de Portugal, debería asomarse antes del 22 de mayo por la galería Birimbao, donde expone actualmente su muestra titulada, cómo no, Vallas.

El germen de este proyecto procede de la anterior serie del sevillano, Apariencia, donde empezó a indagar en la capacidad de la imagen para mentir. "Eso me llevó a observar cómo las vallas publicitarias abandonadas perdían todo su sentido original", recuerda. "Empecé a reflexionar sobre la publicidad como algo efímero, una vanitas moderna vendida a bombo y platillo, algo suntuoso condenado, en cambio, a acabar convertido en una triste ruina", explica.

D'Acosta no se considera en ningún caso pionero. Reconoce su deuda con artistas como Thomas Demand, James Casebere, Hiroshi Sugimoto, Zoe Strauss, Joel Sternfeld o Jeff Brouws, de cada uno de los cuales toma el sevillano puntos de vista, pero sin olvidar la persecución de un discurso propio.

Observando las 17 piezas seleccionadas para la muestra -siete en gran formato y 10 dispuestas en mosaico-, se hace patente que el interés primordial de D'Acosta no es el objeto artístico del anuncio, sino el soporte. "Me llama mucho la atención la imagen dentro de la imagen, que recuerda en cierto modo a las capas de la cebolla, o a la estructura de las muñecas rusas. En una valla vemos una huella de lo que había, y también esa especie de misterio por resolver, una invitación a adivinar qué se anunciaba ahí donde ya no es posible reconocer nada", agrega.

Así va D'Acosta sugiriendo impresiones muy diversas, que van de la melancolía a la desolación, hasta el punto de creer en una suerte de "vida propia" de estas familiares estructuras que tan a menudo pasan desapercibidas para nuestros ojos. De todas las retratadas, la favorita del artista es "una que había en la carretera de Huelva, a la altura de Chucena, que todo el mundo veía cuando iba a la playa, y que han retirado este invierno, seguramente por estar muy deteriorada", afirma.

Realizada con negativo con cámaras de formato medio y cámaras técnicas, algunas con placa, la muestra Vallas ya tiene una posible sucesora: "Quiero trabajar sobre imágenes y esculturas clásicas que han sido reproducidas hasta a la saciedad", adelanta D'Acosta, quien reconoce una significativa evolución desde sus primeros trabajos: "Cada vez me interesa menos la estética, y más lo conceptual. La belleza de la imagen se ha vuelto secundaria, ahora busco que lo fuerte sea la idea", concluye.

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