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La Velá, vuelta y vuelta

No decae la fiesta. El trianero, una vez asado, se vuelve inmune a las astracanadas y a las bravuconerías del termómetro y lo demuestra echándose al hervidero de la calle a ponerse tibio de alegría, de duende y demás sinónimos del vino. Foto: G. Barrera

el 15 sep 2009 / 08:30 h.

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No decae la fiesta. El trianero, una vez asado, se vuelve inmune a las astracanadas y a las bravuconerías del termómetro y lo demuestra echándose al hervidero de la calle a ponerse tibio de alegría, de duende y demás sinónimos del vino. Con la que caía ayer y aquello hasta los topes.

"Hay gente pa to", dijo Rafael El Gallo cuando le presentaron a Ortega y Gasset como alguien que se dedicaba a pensar. Y es verdad; la hay. Ayer, mientras a los coches les daba por estrellarse tontamente bajo la calima gelatinosa del Puente del Centenario, la Triana más inverosímil se asaba viva por propia voluntad en el horno de la calle Betis, a la que el río sólo arrimaba su chapapote de flama y, si acaso, subiendo de rato en rato, una poquita de brisa por llamarla del modo menos enojoso. En Marte hay vida seguro.

La cucaña sigue siendo el penoso y asilvestrado espectáculo de todos los años, por más que no pueda decirse ya que simboliza a la perfección ese espíritu añejo, tradicional y tan llorado de la Sevilla provinciana, sencilla, intimista y genuina. Que es en realidad lo que se evoca en Triana por estas fechas.

No hay más que ver la añoranza que destilan las actividades de la Velá, aparte la ya citada del palitroque: campeonatos de dominó, partidillos de futbito por edades, reivindicación exhaustiva de la sevillana entendida como baile, pizarras de bar que hablan en trianero antiguo y demás homenajes a un tiempo pasado que sería mejor o peor, pero en todo caso menos esaborío. A la Velá le falta una procesión como el comer. Cierto que sería duro para los costaleros, con esta calor. Pero lo que dijo El Gallo va a misa.

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