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La venganza del tranvía

Los convoys de mulas que recorrían los caminos andaluces a final del XIX se aburguesaron convirtiéndose en tranvías de tracción animal sobre raíles: de sus últimos momentos, antes de que la electricidad los mandara al baúl de los recuerdos, aun quedan testimonios fotográficos.

el 16 sep 2009 / 07:36 h.

Los convoys de mulas que recorrían los caminos andaluces a final del XIX se aburguesaron convirtiéndose en tranvías de tracción animal sobre raíles: de sus últimos momentos, antes de que la electricidad los mandara al baúl de los recuerdos, aun quedan testimonios fotográficos. El tranvía eléctrico se adueñó de la ciudad pero, casi de inmediato, tuvo que competir con el automóvil, o sea, con la propiedad privada que es la que empiedra el infierno de las buenas intenciones. La envidia que atraían sobre sí los studebackers y los hispano-suizos lo convirtió en un transporte de pobres e incluyó al tranviario en la galería de tipos populares.

De nada sirvió la innovación de las jardineras, aquellas terrazas móviles antecedentes de los autobuses descubiertos para turistas construidas expresamente para pasear sin necesidad del aire climatizado: en Sevilla los tranvías estuvieron ya condenados a perecer irremisiblemente en cuanto aparecieron la Vespa y el seíta. Incluso el isetta, el coche-huevo, artilugio de mínima expresión, hizo la competencia a los tranvías. Sobre todo, al de Coria que corría mansamente al pie del Aljarafe y cruzaba el río por el puente de hierro de San Juan.

Su resto más visible es la estación de Gelves, pura arqueología porque hasta anteayer, con la rabia con que se ataca lo vetusto, la piqueta se cebó en los últimos tramos de su plataforma. Pero llegaron el Metro-Centro y el Metro para hacerlo resurgir de sus cenizas. Mañana lo de "Santa Marta tiene tren pero no tiene tranvía" se lo cantarán, con nombre cambiado, aquellos que lo tengan a quienes no. No piensen que cuando Jaime Reynaud culpa a Zapatero de desidias es él el que habla: es la voz de ultratumba de los tranvías mandados al desguace. Su venganza, estar en todos los programas de las elecciones municipales.

Antonio Zoido es escritor e historiador

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