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La versión buena asalta el Palau

Hubo milagro, hubo resurrección, y sin que mediara intervención divina. Aunque el último cuarto que protagonizaron Ignerski y Kakiouzis, bien rodeados de sus demás compañeros, se acercó bastante a una obra excelsa de baloncesto. Lo de este Cajasol es increíble por extremo, solo cuatro días después de ofrecer un penoso partido ante el ViveMenorca.

el 15 sep 2009 / 02:09 h.

Javier d. pecellín

Hubo milagro, hubo resurrección, y sin que mediara intervención divina. Aunque el último cuarto que protagonizaron Ignerski y Kakiouzis, bien rodeados de sus demás compañeros, se acercó bastante a una obra excelsa de baloncesto. Lo de este Cajasol es increíble por extremo, solo cuatro días después de ofrecer un penoso partido ante el ViveMenorca.

No hacía falta ganar el Palau Blaugrana, donde el club sevillano sólo lo había hecho una vez en casi dos décadas en la élite (26 de febrero de 1995), para constatar la condición de este Cajasol capaz de competir a un altísimo nivel contra los mejores y de verse zarandeado con suma indolencia casi contra cualquiera. Buenos y contrastados jugadores que muy de vez en cuando se conectan para hacer un baloncesto notable, a ratos sobrado, brillante. Esa condición no deja de ser descorazonadora para la entidad y su afición, porque deben sentir que esta plantilla es tremendamente deficitaria en rendimiento. Tiene mucho y da poquísimo, con usura. Tampoco es la primera vez que ocurre en los últimos años, en un club de Dolce Vita, donde la exigencia es mínima.

El Cajasol marcó siempre el paso del partido. En un Palau con muy poco público y menos ambiente, con la distensión del pase agónico del jueves a los cuartos de final de la Euroliga, los sevillanos encontraron una oportunidad única. Aplicaron una defensa más concentrada de lo que suele ser habitual y sobre todo los jugadores de Comas realizaron una lectura perfecta del partido en ataque, con excelentes pases a los postes, que recibiendo en movimiento, ganaban una y otra vez la partida tanto a Fran Vázquez como a Marconato. En esa labor de pase interior destacaba Michalis Kakiouzis, más enchufado que nadie por aquello de su vuelta como rival al Palau. El griego fue un fiel reflejo de lo que es este equipo. Si se mete en los partidos, sale a relucir su calidad y no hay horizonte que no pueda abordar.

Con las revoluciones bajas, al Barcelona, al que el Cajasol no concedía un rebote bajo su aro y menos aún balones perdidos, le costaba mucho anotar y sólo la entrada de Roger Grimau, con su intensidad y en un momento pleno de confianza, detuvo la escalada visitante en el marcador (20-29). Coincidió poco después que Fran Vázquez encontró los primeros errores cajistas en el cierre del rebote y el número de canastas fáciles creció porque los de Comas entraron en crisis ofensivas, lo que permitió alguna transición rápida que volteó el marcador justo antes del camino intermedio a vestuarios (39-36).

El socabón interior fue creciendo, con Vázquez y Marconato en plan escavadora, y el punto número 11 de Grimau en una de sus clásicas penetraciones, cuando el Caja no anotaba ni aunque tuviera tiro en manos de un exterior absolutamente solo, marcó el peor momento del partido para el equipo ayer vestido de blanco (47-38, m.23). La inercia apuntaba a una película tantas veces vista en este escenario. Pero apareció Ignerski, y con el polaco, una reacción oportunísima, azuzada también por dos decisiones técnicas. Mientras Pascual sentaba a su mejor hombre (Grimau), Comas situaba a Kakiouzis en el puesto de alero convirtiéndose, con su superioridad en centímetros en las cercanías del aro en un elemento desestabilizador para su ex equipo. Anotó 11 puntos en el tercer cuarto, muchos sacando personal para acudir una y otra vez a la línea del 4,60, y el Cajasol volvió a recuperar la fe y sobre todo, intensidad y defensa.

La cuarta falta de Betts obligó a Comas a devolver a Kakiouzis al papel de pívot justo en plena escapada (56-61), el Barça apretó viendo peligrar su condición de invicto en casa y la primera canasta de Lakovic niveló otra vez el marcador (61-61).

Pero el Caja se mostró firme y preciso como casi nunca, sin cometer errores que alentaran la reacción culé y tuvo en Ignerski a su hombre determinante, con 14 puntos en la recta final, para una victoria clave para la salvación y que quita dramatismo a la próxima visita a Madrid para enfrentar al Estudiantes.

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