Local

La vida entre aguas fecales

Manuel Galán está cansado de tocar puertas, de que no lo escuchen, de vivir en una casa encharcada en aguas fecales. Vive en Los Pajaritos junto a su madre, de 90 años, y lleva dos meses soportando fugas de agua por una cañería reventada.

el 15 sep 2009 / 23:57 h.

TAGS:

Manuel Galán está cansado de tocar puertas, de que no lo escuchen, de vivir en una casa encharcada en aguas fecales. Vive en Los Pajaritos junto a su madre, de 90 años, y lleva dos meses soportando fugas de agua por una cañería reventada. El mal estado de su bloque acaba por hacer inútiles las reformas. Por eso pide ayuda "para estar seco".

Habla desesperado, agobiado, aunque en voz muy baja, mesurada. Dice que es por no preocupar a su madre, Dolores, una anciana de 90 años que apenas puede moverse y que padece del corazón. "No quiero que se lleve más disgustos", dice. Pero lo que cuenta lo cuenta con rabia, con enfado: Manuel vive en la calle Gavilán, en el barrio de Los Pajaritos, en un piso con casi 50 años de antigüedad y en el que los materiales, cansados por el paso del tiempo, ya han dejado de trabajar. Ya no sirven. Ya no aguantan. Se caen las paredes, se hunden los tabiques, se rompen las tuberías. Su peor pesadilla es esta última, porque las aguas que dejan escapar las cañerías, tanto potables como fecales, acaban entrando en su casa, calando sus habitaciones y afectando a su salud y a la de su madre, "que ya no puede más".

Manuel ha estado ya en dos ocasiones, en periodos de tres y cuatro meses, con su casa encharcada, enfangada, "apestando a perros muertos". Llamaba al Patronato de Viviendas Baratas, al que pertenece la casa, y no recibía respuesta, así que al final las ocho familias que viven en el bloque, en el número 21 de la calle, se reunieron y pagaron 300 euros para arreglar las cañerías. Un desembolso millonario para familias humildes. "Ellos, el Patronato, son los dueños de la casa, pero no podíamos seguir así. Como el agua encharcaba toda la entrada, y por ahí pasamos todos, decidimos compartir los gastos", explica Manuel. El problema está en que la reforma apenas les duró tres meses, porque "el sistema está tan mal que los parches en las cañerías sirven de muy poco". Así que hace dos meses, aquello reventó de nuevo. "La máquina no bombea el agua, se acumula y termina estallando todo... Los dos pisos del bajo están chorreando, y yo así no puedo más", relata compungido.

Ha acudido a la Delegación municipal de Salud y Consumo para advertir del "grave riesgo" para la salud que supone una situación semejante, "y más aún ahora que empieza a hacer calor", pero no ha recibido respuesta, y lo mismo ha hecho con la Gerencia de Urbanismo, para advertir del mal estado del bloque, "sobre todo ahora que se han decidido a hincarle el diente al barrio". Pero ninguna de sus dos reclamaciones ha tenido respuesta por el momento. La media de edad del bloque es de 60 años y la mayoría son jubilados con pensiones mínimas, así que están a la espera de reunir el dinero necesario para la nueva reforma. Mientras, "sin un técnico que venga a ver esto" se conforman con "cerrar las ventanas a cal y canto" para evitar que entre el mal olor y con "ir con mucho tiento para poner los pies sobre seguro", ya que el agua que entra en sus casas, además, arrastra mucha suciedad, lo que les ha llevado a tener "unos cuantos resbalones". "Con esto no hay quien pueda", resume Manuel.

Entrada intransitable. La entrada del edificio, por donde han de pisar todos sus habitantes, está levantada por culpa del agua, y hoy es una mezcla de tablones reblandecidos por el agua y agujeros sin enlosar. Y eso se complica por la edad y los achaques de los residentes. "Lo que en principio sería un problema nuestro y de mi vecina del bajo, al final afecta a todo el mundo, pero aquí no se hace nada. Nos va a comer la porquería", insiste. Los demás vecinos insisten en que el acceso al bloque es "intransitable" y que se les hace un mundo entrar con las bolsas de la compra o con un carrito. Lo que está claro es que Manuel y sus vecinos no quieren soltar más dinero. "Los pisos no son ni nuestros, estamos aquí con rentas bajas. El Patronato es como un casero que no nos arregla lo que se rompe, así que seguiremos protestando. No podemos seguir resfriados y con el estómago revuelto. Plantaremos batalla", concluye Manuel.

  • 1