Cultura

La Yerbabuena enamora en su cita del City Center

El City Center volvió a llenarse dos días de un público que, como de costumbre, disfrutó con el arte de los flamencos andaluces. En esta ocasión con el de Eva Garrido, La Yerbabuena, una bailaora que tiene un gran cartel en las principales ciudades de Estados Unidos, porque lleva años cosechando éxitos por estas tierras. Foto: El Correo.

el 15 sep 2009 / 00:17 h.

El City Center volvió a llenarse dos días de un público que, como de costumbre, disfrutó con el arte de los flamencos andaluces. En esta ocasión con el de Eva Garrido, La Yerbabuena, una bailaora que tiene un gran cartel en las principales ciudades de Estados Unidos, porque lleva años cosechando éxitos por estas tierras.

Cuando llegamos al teatro, su director, un hombre amable y muy interesado en las músicas y danzas étnicas, puso un gran empeño en que viéramos algo que nos dejó verdaderamente patidifusos. En la primera planta del teatro, una mujer de nacionalidad mexicana daba una clase de compás a unas cien personas, gente que iba a ver la obra de Eva y que aprovechaba la inmejorable ocasión para aprender a hacer compás con las manos. Menú flamenco, así llaman aquí a estas sesiones didácticas, porque después de las lecciones, los improvisados alumnos dan buena cuenta de pinchos de tortilla, bocadillos y deliciosos caldos españoles. Eso de que los flamencos no comen, por aquí no se entiende muy bien.

Mario Maya no daba crédito a lo que veían sus ojos y escuchaban sus oídos y nos comentaba que algo así sería impensable en Andalucía. Y no porque no haya andaluces que no saben tocar las palmas, a compás, por soleares o tangos. Sencillamente, y siempre según el bailaor y coreógrafo, "porque en Andalucía tenemos muy desarrollado el sentido del ridículo". ¡Uff!

Nuestra conclusión personal es que los norteamericanos tienen un interés tal por el arte flamenco que les lleva a querer hacer algo más que disfrutar en un teatro con un revuelo de volantes o unos acordes de guitarra: quieren conocer sus secretos, su técnica, saber qué se siente tocando las palmas por bulerías o levantando los brazos con la majestad con que lo hace Merche Esmeralda.

Esto lo ha captado ya el director de la muestra flamenca de Nueva York, el cordobés Miguel Marín, quien nos adelantó la tarde del sábado, paseando con Mario Maya por la Quinta Avenida, que estudia la posibilidad de dar al festival un sentido más didáctico y cultural.

O sea, que no se quede sólo en una convocatoria de conciertos, que sea un encuentro anual con la cultura flamenca en todas sus manifestaciones, donde estén implicadas las universidades del país, además de artistas y personas estudiosas tanto de Nueva York como de Andalucía.

La Yerbabuena vino una vez más a Nueva York y presentó su obra Santo y seña, un montaje de corte muy flamenco, clásico, diseñado especialmente para gustar por estas tierras. No tiene mayor historia que sus bailes por seguiriyas, tientos-tangos, alegrías y bulerías. En todos estos bailes Eva estuvo estupenda, siempre con un gran dominio de la escena y un regusto exquisito en la manera de mover la bata de cola y, de manera especial, las manos. Aquí es algo que gusta mucho y La Yerbabuena lo sabe. Se quedan extasiados viendo volar unas manos andaluzas.

Este Santo y seña es un montaje muy cuidado en la parte musical por Paco Jarana, guitarrista y marido de Eva. Es una colaboración fundamental porque nadie como él sabe lo que quiere la artista. Y de manera especial en la parte cantaora, con cuatro grandes profesionales como son Enrique Soto El Sordera, José Valencia, Pepe de Pura y Jeromo de Huelva.

Eva La Yerbabuena baila cada día con más maestría; es posible que haya perdido aquella descarga eléctrica de sus principios, que la dio a conocer en el mundo. Pero ha ganado en eso que es fundamental en el baile jondo: la majestuosidad.

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