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Cultura

«La Zaranda está viva porque sigue enseñando a preguntar»

La compañía jerezana trae al Teatro Central ‘El grito en el cielo’

el 30 ene 2015 / 12:00 h.

zarandaAfirma Paco Sánchez, fundador de La Zaranda, que del «apellido» de la compañía, Teatro inestable de Andalucía la Baja, se queda sobre todo con lo de inestable. «Somos más inestables que nunca, pero es una inestabilidad muy sólida», dice este actor y director con cuatro décadas de escenarios a sus espaldas. Ahora Sánchez y los suyos llegan al Teatro Central con El grito en el cielo –hoy y mañana, 21.00–, un montaje que surgió en la última Bienal de Venecia, y en la que rinden homenaje al desparecido Juan Sánchez, hermano de Paco y primer dramaturgo del grupo. «Queríamos mantener la presencia de Juan, de todo lo que vivimos con él», comenta Eusebio Calonge, autor de los textos de la compañía desde los años 80 hasta hoy. «En nuestra anterior obra, El régimen del pienso, nos alejamos de la memoria íntima de la compañía. Con esta, forman esencialmente un díptico donde hay una crítica de un mundo banal, sin trascendencia, donde el hombre es un engranaje de la productividad», añade. El montaje se desarrolla en un geriátrico en el que varios personajes esperan pasivamente su propio final. «Las interpretaciones son muy confluyentes, cada cual hace la suya entre múltiples lecturas. Pero si La Zaranda sigue viva, es porque sigue enseñando a preguntar», subraya Calonge. «De verdad, ya no me acuerdo del Premio Nacional de Teatro», dice Paco Sánchez cinco años después de recoger el galardón. «Los premios son importantes, sobre todo para la gente que nos sigue y se alegra de que nos vaya bien. Pero hay que seguir trabajando a pesar de todas las dificultades», concluye. La Zaranda, una compañía que llena un mes en Madrid, en teatros como el Español o el María Guerrero, y es aclamada desde Miami hasta Chile y de Costa Rica hasta Perú, lamenta que Andalucía sea el lugar donde tal vez trabajan menos. «No somos grandes capitalistas de público, pero es extraño que de ocho capitales andaluzas solo actuemos regularmente en tres. En nuestra comunidad hay una idiosincrasia muy propia, no hay más que recordar que Cernuda ni vivió ni murió aquí. Lo andaluz es casi perverso hacia lo suyo», comenta Eusebio Calonge, quien recuerda jocosamente cómo en su propia ciudad, Jerez de la Frontera, es habitual que le pregunten: «Vale, ya sé que haces teatro, pero ¿de qué vives?». Para el dramaturgo, resulta muy complicado consolidar públicos sin entrar en un circuito regular de teatros. «Si Huelva nunca te contrata, los onubenses nunca te van a conocer», añade. «La Zaranda en Andalucía prácticamente no existe», apunta Paco Sánchez. «Si hay 650 teatros, el grupo no pisa ni diez», y apostilla: «Lo nuestro hace tiempo dejó de ser queja para hacer solo teatro. Pero sí, son tiempos muy, muy malos para la lírica». Con catorce montajes en su haber, desde los fundacionales Los tinglaos de_Maricastaña, Mariameneo Mariameneo o Vinagre de Jerez a otros más recientes como Homenaje a los malditos, Los que ríen los últimos o Futuros difuntos, esta compañía que ha dado la vuelta al mundo con su peculiar poética llena de sombras y heridas del alma, y que fue reconocida en 2010 con el Premio Nacional de Teatro, tuvo la oportunidad de dar forma a este nuevo proyecto en Venecia, donde fueron invitados a desarrollar un ensayo abierto al público. «Siempre hemos permanecido muy encerrados, es muy raro que alguien haya visto un ensayo de La Zaranda», asevera Paco Sánchez. «Cuando nos hicieron esa propuesta nos pareció una gran locura, pero nos dimos cuenta de que esa soledad que necesitamos para crear la tenemos tan adentro, que nos da igual todo. Los espacios, los objetos, todo está ya dentro, asimilado, después de 40 años de silencio y soledad», añade. «La evolución acaba permitiéndote mucha libertad, te desnuda y deja fuera mucha cáscara que no te pertenecía. Lo que queda es tuyo», dice Eusebio Calonge, mientras que Paco Sánchez piensa que el lenguaje de El grito en el cielo resultará sorprendente incluso para los más incondicionales de la compañía. «Llegas a un punto de desesperación que es de donde nace la fuerza. Nuestro teatro siempre ha estado al límite porque nuestra vida siempre ha estado al límite. Tal vez nos gustaría ser de otra manera, pero somos obedientes a ese silencio interior, y responsables ante quienes nos siguen: no podemos defraudar», apostilla el artista jerezano.

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