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Toros

Lama de Góngora toma aire

El novillero del Arenal logra cortar la oreja del sexto de la tarde gracias a una faena vistosa y muy entregada que remató con una estocada contundente.

el 19 may 2014 / 00:09 h.

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Resumen 15ª de Abono 2014. Juan Ortega, Posada de Maravillas y Lama de Góngora from Maestranza Pagés on Vimeo. = Plaza de la Real Maestranza Ganado: Se lidiaron seis utreros de Cayetano Muñoz, algo terciados y de juego muy desigual aunque el lote conformado por tercero y sexto fue el que brindó más posibilidades. El primero fue un inválido; el segundo no pasó de aplomado; tardo y bronco el cuarto y de movilidad engañosa -sin ninguna entrega- el lidiado el quinto lugar Novilleros: Juan Ortega, de corinto y oro, palmas y silencio. Posada de Maravillas, de blanco y oro, silencio y silencio. Lama de Góngora, de guinda y oro, vuelta al ruedo tras petición de oreja y oreja. Incidencias: La plaza registró un tercio de entrada en tarde ventosa y de agradable temperatura aunque molestó mucho una pertinaz nube de mosquitos que se adueñó de los tendidos. No es que llegara con el agua al cuello. O casi. El caso es que el joven Lama de Góngora volvía a hacer el paseo en la plaza de su barrio marcado por cierto escepticismo que convenía sacudir. Se lo debía a los aficionados que habían confiado en él desde aquel portazo principesco que ya empezaba a dibujarse brumoso. Pero también se lo debía a sí mismo para convencerse de cómo es realmente el verdadero y duro camino que hay que recorrer si se quiere ser torero. El joven lidiador sevillano se llevó el único trofeo de la tarde aunque había estado a punto de cortar otro del tercer novillo. En cualquier caso, su mejor actuación fue con el que cerró plaza. / Foto: José Luis Montero El joven lidiador sevillano se llevó el único trofeo de la tarde aunque había estado a punto de cortar otro del tercer novillo. En cualquier caso, su mejor actuación fue con el que cerró plaza. / Foto: José Luis Montero El joven valor sevillano había salvado los muebles de su primera temporada con picadores con exceso de tibieza y la oreja de ese festival otoñal que despidió la temporada y, de paso y sin saber hasta cuando, a los toreros alzados que están dando que hablar más que los duros antiguos. Poco, muy poco, para un chico que había despertado muchas ilusiones. Pasado el invierno no había logrado entenderse el mejor ejemplar de la novillada de intermedio que precedió al ciclo continuado de festejos. Con este panorama y con el tren pitando en la estación, se dispuso a hacer su segundo paseíllo en la plaza de su tierra. Pero esta vez cambiaron las tornas, la actitud y hasta la suerte en los corrales. Paco Lama no esperó el pitido del jefe de estación para saber que había que subirse de nuevo a ese tren que pasa pocas, poquísimas veces, y se dispuso a recibir a su primero con una larga a portagayola que fue el mejor certificado de un nuevo espíritu que ya no debe abandonar. A esa larga embarullada siguieron dos nuevos faroles de rodillas y una lidia calamitosa que no logró fijar el galope del novillo, que enseñó un esperanzador tranco y una movilidad que necesitaba el temple y la precisión de los de plata, que no dieron una. Ortega, en su turno, se marcó un bonito quite por chicuelinas. El novillo parecía servir, estaba enseñando cositas buenas aunque el desconcierto en la brega seguía siendo una constante que sólo retomó el orden gracias a los buenos pares de Cándido Ruiz. Lamita brindó a la parroquia y citó al novillo desde los medios. El animal se vino a galope tendido pero el torero no acertó a ser generoso con las distancias y pecó de ahogar una embestida que pedía el centro del platillo y distancias largas. El joven lidiador sevillano se mostró tan entregado como embarullado en una faena que enseñó su mejor tono por el lado izquierdo y en una postrera serie diestra que precedió al arrimoncito tan en boga. El espadazo no fue efectivo y el novillo tardó en caer demasiado escamoteando la oreja que sí terminaría cortando del último de la tarde. Ese sexto se tragó otro farol a portagayola y unos delantales con cierto sabor. El novillo tenía movilidad, volvía a enseñar esas cositas buenas que se confirmaron cuando Lama de Góngora -después de brindar a El Rociero- inició su faena con un puñado de muletazos en las rayas, tan estéticos como bien hechos, que terminaron de hacer romper al utrero. La música brotó en la primera serie diestra. Aún hubo otra sobre ese lado que remató con un sedoso cambio de mano y un gran pase de pecho. Pero el trasteo se frenó cuando Paco se echó la muleta a la mano izquierda. Fueron un puñado de naturales de eco sordo pero enorme mérito. El toro era mucho más violento y remiso por ahí y el joven novillero supo afrontar la prueba sin volver la cara. Ahí se agotó casi todo el gas y el final de faena, mucho más amontonado, culminó con las inevitables bernardinas de catálogo. El espadazo contrario no impidió que el presidente concediera esta vez la oreja. Ánimo y a seguir. Juan Ortega, veterano de guerra, era el cabeza de cartel. Este sevillano formado en tierras cordobesas dejó inédita su calidad con el inválido ejemplar que saltó en primer lugar. Con el cuarto, que resultó tardo y algo bronco en la embestida, pecó de destemplado en una trasteo alargado absurdamente cuando ya no tenía ningún rumbo. Un arrimón estéril hasta el punto de ponerse pesado precedió a una gran estocada de efectos fulminantes. Se presentaba en Sevilla el valor pacense Posada de Maravillas, un torero de dinastía que rescata en sus formas el aire y la estética de los mejores de su casa. Sorprendió por la composición de su capote, que renueva las formas de los estilistas de los años 20. El chico tiene algo y los profesionale supieron verlo, especialmente en la lidia del segundo de la tarde, al que cuajó alguna verónica de tonos sepias y esbozos de muletazos que necesitan ser vistos con otro tipo de novillo. Tampoco se le puede negar cierto verdor y la necesidad de pulir algunos defectos, como esos tironcitos del codo que, más que templar, violentan el muletazo. El quinto tuvo una movilidad engañosa pero acabó desinflándose en la muleta de Posada, que necesita volver a ser visto.

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