Cultura

Landa se despide del cine «por la puerta grande y sin tristeza»

Alfredo Landa abandona la interpretación justo antes de recibir el Goya de Honor por su trabajo en más de 120 películas durante casi medio siglo de una carrera que cierra "por la puerta grande".

el 14 sep 2009 / 21:33 h.

Héctor Llanos

Alfredo Landa abandona la interpretación justo antes de recibir en febrero el Goya de Honor por su trabajo en más de 120 películas durante casi medio siglo de una carrera que cierra "por la puerta grande" con un galardón del que dice: "Antes loco que recibir el Goya de manos de Garci".

Con Garci ha rodado películas como Historia de un beso, Canción de cuna, Tiovivo c. 1950 o la reciente Luz de domingo, por tanto parecía una opción lógica que fuera el cineasta quien le entregara el galardón: "¿A vosotros os ha sorprendido que no sea él quien me entregue el premio? A mí también", espeta a los periodistas, sin querer dar mayor sentido a sus palabras, durante un encuentro para hablar de este reconocimiento.

Sin embargo, la Academia, que está preparando una montaje especial para rendirle homenaje, asegura que no está cerrado el nombre de las personas que van a entregar los premios.

"Ha desaparecido toda pasión por hacer cine y esta profesión sin ilusión no va a ninguna parte", asevera Alfredo Landa, quien decidió alejarse de forma definitiva de la interpretación tras rodar con José Luis Garci su última película, Luz de domingo.

En la sede de la Academia del Cine, donde derrochaba energía, Landa recurre a una memoria intacta para repasar su carrera sin atisbo de falsa modestia, tras 49 años de carrera y títulos como Atraco a las tres, Los santos inocentes o Las que tienen que servir en su filmografía.

Fue a los quince años, mientras encarnaba su primer personaje en una obra de Muñoz Seca, cuando "surgió un destello" en su interior que le llevó a decidir que quería ser cómico -"los actores somos todos cómicos, dice Berlanga". Y aunque retirarse ha sido "la determinación más importante" de su vida, para Alfredo Landa, nacido en la curiosa fecha del 3 de marzo de 1933 en Pamplona, fue clave trasladarse a Madrid para cumplir su objetivo: en un tren expreso de las siete de la tarde del 8 de octubre de 1958, recuerda con exactitud.

Fue en los 80 cuando se descubrió ante el gran público como un inesperado intérprete dramático, cuando el Festival de Cine de Cannes reconoció su trabajo y el de Paco Rabal en Los santos inocentes (1984). Un orgullo "por el hecho de haber representado al cine español en el extranjero" que marcó el despegue definitivo hacia el prestigio crítico de una carrera a la que le siguieron títulos como El bosque animado o La marrana, ambos de José Luis Cuerda y por los que consiguió sendos Premios Goya a la mejor interpretación masculina, galardones a los que, de momento, ha sido candidato en otras cuatro ocasiones: "Mi trabajo en Luz de domingo es fantástico, y ¿por qué no van a darme también un Goya por esta interpretación?"

Asegura marcharse "sin tristeza" porque su retirada "no ha podido ser mejor gracias a este Goya de Honor" y tiene planeado no hacer nada tras su retiro, seguir acudiendo al cine al menos dos veces por semana, ya que es sólo en la sala de proyección donde las películas, incluidas las suyas, le emocionan, apuntó este admirador de Cary Grant: "era elegante, versátil y ¡tenía pelo!".

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