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Lares, penates y Niño Jesús

En el Imperio Romano, a pesar de la omnipotencia de Júpiter, siguieron existiendo los lares y los penates, dioses domésticos que señoreaban los sentimientos, criaturas divinas pret a porter en el mejor sentido...

el 15 sep 2009 / 19:42 h.

En el Imperio Romano, a pesar de la omnipotencia de Júpiter, siguieron existiendo los lares y los penates, dioses domésticos que señoreaban los sentimientos, criaturas divinas pret a porter en el mejor sentido vittorianoluchino de la palabra, idénticos al Niño Jesús con equipación verdiblanca que un venerable socio del Betis ha elegido como felicitación navideña. El ser humano es la medida de todas las cosas, dijo Protágonas 500 años antes de que naciera ese niño y lo mismo sigue pensando el autor de la idea 2508 años después. Esa imagen es el protector de su Lebensraum, su espacio vital.

No es una anécdota sino un rasgo sevillano, por desgracia en decadencia. En 1934, cuando en Sevilla todo amenazaba ruina, Núñez de Herrera escribió su Teoría y Realidad de la Semana Santa que, aunque hablara de cofradías, era en realidad, una Teodicea divulgativa de la religiosidad sevillana, concebida para un espacio y al margen del tiempo; explicaba cómo aquí lo sagrado y lo profano convivían. Que nadie se rasgue las vestiduras porque, en realidad, todo venía de arriba: el celeste era color litúrgico en la catolicidad española cuando el resto de la Iglesia Católica no creía en la Inmaculada Concepción y siempre existió el refrán de que donde las dan las toman.

Si al Niño Jesús de la Quinta Angustia (o al de la Macarena) lo visten de nazareno en un retorcimiento teológico más surrealista que Apollinaire, ¿por qué no se puede vestir de bético, cuando el campo del Betis fue bendecido con un ritual como el que realizan al entrar en su nueva casa quienes serán sus habitantes? El Niño Jesús de ese socio es tan bético como él, tan romano como el río Betis. Su lar o su penate. Y no como el Meneken Pis de Bruselas, que se viste de todo sin ser de nada para atraer turistas. Aquel niño es un impostor.

Antonio Zoido es escritor e historiador

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