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Larga es la agonía, interminable la tortura, grande la indecencia

LA CONTRACRÓNICA. El Betis pide el final de la temporada como Paulao pidió el cambio en Vallecas. Faltan cuatro capítulos para que se acabe la tortura. Después, la reflexión y la revolución. O eso o el club seguirá hundiéndose.

el 20 abr 2014 / 20:34 h.

N'Diaye y Chica tratan de animar a Paulao mientras se retira del campo / Pablo García N'Diaye y Chica tratan de animar a Paulao mientras se retira del campo / Pablo García El Betis jugará en Segunda División la próxima temporada. Eso lo saben todos. Los primeros, los jugadores que se ponen... perdón, que deshonran la camiseta de rayas verdes y blancas desde hace muchas, muchas jornadas. También lo sabe Pepe Mel, que por voluntad ajena está ahora lejos de Heliópolis y bastante tendrá con pensar en el West Brom pero que es igualmente responsable. También lo sabe Juan Carlos Garrido, que acabó de empujar al equipo hacia el precipicio. Y tampoco lo ignoran José Antonio Bosch, Miguel Guillén, Vlada Stosic y todos los padres de uno de los descensos más ominosos de la honorable historia verdiblanca. Faltan los que mejor lo saben, porque son las principales víctimas de este despropósito: los béticos. Paulao contribuirá a bajar al Betis, y Verdú, y Perquis, y Jordi, y Amaya, y Chica, y tantos otros, pero tarde o temprano se irán de Heliópolis. La mayoría, de hecho, seguramente lo harán más pronto que tarde. Sólo quedará el Betis, el maltrecho Betis que dejarán. Y los seguidores. Algunos de los peloteros que conseguirán que el Betis se enfrente dentro de meses a la Ponferradina, al Lugo o a cualquier filial, con todos los respetos para esos conjuntos, no jugarán esos partidos ni estarán pendientes de lo que haga o deje de hacer el Betis. Los béticos sí estarán ahí a pesar de esta agonía que ya dura meses, a pesar de esta interminable tortura, a pesar de la indecencia que ha caracterizado muchas de esas 22 derrotas. Por eso se antoja absurdo, casi irrespetuoso, sentir lástima por los jugadores, compadecerse de Paulao (por poner el ejemplo más próximo) o aplaudir a quien te ha hundido. Con todos los respetos para el brasileño, por supuesto. Y hablando de antónimos de la decencia... El Betis no bajará por el doble y grosero fallo de Paulao, pero qué sangrante es ver cómo un jugador profesional de fútbol pide irse de un terreno de juego porque se considera incapaz de continuar adelante tras errar. Y qué sangrante es que su entrenador acate la súplica/rendición de su hombre y le dé asilo en el banquillo. El próximo reto del Betis será el ascenso a Primera y una de las bases está clara: un entrenador y jugadores con carácter, mucho carácter; y una notable capacidad de sincera autocrítica por parte de todos en el club. A tenor de lo visto esta campaña, falta mucho de lo uno y lo otro.

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