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Las abuelas se quitan las cadenas

Gracia García siempre tuvo una labor callada. Recogida en su casa de La Algaba, levantó una familia y, cuando sus nietos nacieron, ejerció de segunda madre. A sus 68 años, se brinda el sueño de disfrutar del tiempo que nunca tuvo.

el 15 sep 2009 / 22:33 h.

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Gracia García siempre tuvo una labor callada. Recogida en su casa de La Algaba, levantó una familia de puertas para dentro y, cuando sus nietos nacieron, ejerció de segunda madre. No le daba lugar a nada, ni de aprender a leer, su gran ilusión. A sus 68 años, se brinda el sueño de disfrutar del tiempo que nunca tuvo.

Gracia es una de las 200 mujeres que asistieron a la clausura del taller de abuelas cuidadoras, que celebra por tercer año la Diputación de Sevilla con un reto: dar un golpe de autoestima a esas personas para que se desprendan de las cadenas que supone estar siempre al servicio de sus hijos y nietos y pensar más en disfrutar su vida.

Esa situación la vivió Gracia cinco veces. Cinco nietos que cuidó con todo el cariño que podía dar una abuela que empezó joven, ya que su hijo tuvo el primero al poco de acabar la mili. "A veces me quedaba el pequeño para que ellos pudieran dormir", dice. Y ella lo hacía con gusto, pero aparcando sus sueños: aprender a leer o coger un avión. Sus niños ya son mayores y sabe que es su turno. "En pocos años aprendí a leer en el colegio de mayores y viajé a Canarias y Barcelona", aclara.

Cinco nietos también son el alma de María Páez, de El Rubio. Su hija y su nuera tenían que ir a trabajar y a ella le tocaba hacer la tarea diaria: llevar a los pequeños al colegio, preparar la comida y largo etcétera de labores doméstica. "No tenía tiempo ni para respirar", confiesa. Con los chicos más crecidos -el mayor tiene 22 y la pequeña 15-, se dedica a pensar en ella y hace lo posible para pasarlo bien, sea con cursos o con visitas al hogar del pensionista, donde se pega "unos bailoteos con sus amigas".

Ellas aprendieron a salir de casa con los nietos creciditos. Pero Antonia Ruiz, de 64 años y vecina de Umbrete, lo hizo por la vía rápida. Sus nietos, de 9 y 2 años, aún están en edad de necesitar cuidados y ella se los da sin reparos. Pero en cuanto tiene algo que hacer sabe decir que no. Antonia admite que pasó "mucho tiempo encerrada en casa", algo que, por cierto, forma parte del pasado, porque de un tiempo a esta parte se apunta a toda actividad que llegue a sus oídos: desde la hermandad de El Rocío a la asociación de mujeres, pasando por el taller de abuelas cuidadoras que, a su juicio, "se le ha hecho muy corto".

El programa, según el presidente de la Diputación, Fernando Rodríguez Villalobos, tiene visos de continuar mucho tiempo, ya que considera que estas personas "tienen derecho a descansar a pata suelta" tras años de "trabajo silencioso para ayudar a la sociedad y, en especial, a sus familias".

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