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Las alarmas se encienden

el 14 feb 2011 / 07:11 h.

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Se pusieron en marcha las alarmas en la tarde del sábado con la derrota (1-4) del Betis de Pepe Mel en el Benito Villamarín ante el Elche. Estaban las alarmas encendidas desde días atrás en el Sevilla y tomaron incandescencia en los minutos de alargue con el fallo de Andrés Palop que propiciaba el 3-2 para el Racing de Santander. Es hora en este Día de los Enamorados de que los dos reflexionen largamente y de verdad, porque todavía no está todo perdido aún cuando no sean los momentos ideales para soflamas triunfalistas.

La Europa League como salvación. El Sevilla tenía tres objetivos desde el principio de la temporada. Uno, la Copa del Rey, está perdido con la disculpa de caer en semifinales ante el Real Madrid. Otro, la clasificación para la Champions, a día de hoy parece una quimera viendo la clasificación y el rendimiento del equipo de Manzano. Y el que queda, la Europa League, tiene el jueves su primer capítulo ante el Oporto portugués. Presentarse en junio sin los deberes hechos puede desembocar bien con la venta de Navas, con lo que la plantilla se debilita, o bien con la desilusión y la consiguiente bajada en el número de socios. Temas preocupantes que el presidente José María del Nido, avezado dirigente y buen patrón cuando las aguas están revueltas, tiene encima de su mesa. El jueves el Oporto es un arma de doble filo. Ganando llega un margen de confianza. Perdiendo vendrá una desilusión peligrosa porque será decir adiós a los objetivos marcados. Vean lo que se juega el Sevilla, la sociedad y sus futbolistas, en la Europa League, porque Manzano si no logra este último objetivo sabe cuál es su fecha de caducidad.

La situación está a tiempo de arreglarse. La situación del Betis, por su parte, ya es muy preocupante. Perder cuatro partidos de forma consecutiva y alejarse del objetivo único que tiene esta sociedad que es el ascenso a Primera división es, ciertamente, para encender todas las alarmas posibles. El equipo no funciona. Los fallos son contumaces y decisivos y el poder de reacción ha desaparecido. Desde el presidente, que conoce el oficio, los técnicos, tanto en los despachos como en el campo, que deben saber mejor que nadie, porque para eso cobran, son los que tienen que parar las alarmas que se han encendido, posiblemente a tiempo, en la sociedad heliopolitana.

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