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Deportes

Las calamidades, los candidatos y el galimatías bético

Es lógico que la afición esté indignada y reclame dimisiones en masa en el consejo, el gran problema es que algunos candidatos sugeridos invitan a la continuidad de los actuales

el 21 abr 2014 / 23:19 h.

BETIS-SEVILLA 12-13El Betis se va a Segunda de forma, ya sí, irremisible, víctima de una concatenación de errores sin parangón en una misma temporada, que arrancó con cicatería inversora y una pobre planificación deportiva por parte de Vlada Stosic –la estrella de los fichajes fue Verdú...–, continuó con una deficiente dirección desde el banquillo –los números de Mel siguen siendo peores que los de Calderón pese a sus cuatro últimas derrotas– y explosionó por completo con unas irracionales decisiones del consejo, que echó a Mel sin tener en cuenta la opinión del director deportivo –partidario en esos momentos de mantenerlo hasta el día del Almería, al menos– y luego echó al propio director deportivo justo antes del mercado de fichajes, poniendo todo el poder en manos de Juan Carlos Garrido, un técnico a la postre nefasto propuesto por Isabel Simó, consejera y ex directora del Archivo de Indias, y que contó con el respaldo de Guillén, Bosch y demás consejeros, que en unas semanas de crisis echaron por tierra el buen trabajo realizado en los años anteriores. A los errores, groseros, de técnicos, ejecutivos y directivos, añadan los de un plantel en el que apenas un par de futbolistas (de 28) han dado la talla, pues quien más quien menos ha cometido errores de patio de colegio que le han costado al Betis muchos puntos, tantos o más de los que les han birlado los árbitros, unas veces con actuaciones sibilinas y otras con un descaro fuera de lo normal. Las lesiones –prácticamente todo el plantel ha pasado por la enfermería, y algunos como Nosa, Perquis o Paulao casi viven en ella– también han aportado su grano de arena para que esta temporada pase a los anales como una de las peores de la historia de la entidad, que vive momentos de especial incertidumbre por el laberinto judicial en que se haya inmersa. Todo este cúmulo de calamidades hay quien sostiene ahora que ya se veían venir –admito que a mi me cogió por sorpresa–, y lo que extraña es que tantos visionarios no se hayan hecho de oro apostando en verano por el descenso del Betis, que se pagaría la mar de bien. Es por todo ello lógico que los béticos expresen hoy su malestar y exijan dimisiones en masa, aunque el problema no está tanto en los que se deben ir como en los que pueden entrar para sustituirles, pues el administrador judicial, Francisco Estepa, a la postre quien manda mientras dure el marasmo judicial, sigue buscando candidatos de manera infructuosa y algunos que le han sido sugeridos no hacen más que invitar a la continuidad de los actuales, por muy mal que lo hayan hecho, lo que da buena idea del galimatías que hoy por hoy es el Betis.

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