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Las campanas suenan ''con otra alegría'' al paso por Villamanrique

José Manuel Zoguera, campanero de Villamanrique, después de un esfuerzo inaudito se lamentaba: "Suenan con otra alegría. No es lo mismo". Y es que un apagón, que afectó a todo el pueblo desde las 15.00 horas, le obligó a hacer el repique manual.

el 16 sep 2009 / 03:25 h.

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Tras tres amagos, el suministro eléctrico falló definitivamente en Villamanrique de la Condesa desde aproximadamente las 15.00 horas hasta las 19.45 h. Precisamente ayer, Miércoles de Carretas o lo que es lo mismo: uno de los días grandes del pueblo, en el que la hermandad recibe a todas las filiales que pasan camino del Rocío.

Una de esas jornadas en las que las campanas de la parroquia de Santa María Magdalena apenas paran de tocar anunciando la llegada de alguna corporación, su entrada en la plaza de la Constitución o cuando el Simpecado está sobre los porches. La luz falló y el sistema automático para el repique de campanas tuvo que ser sustituido por el esfuerzo humano.

José Manuel Zoguera padre no dudó en subirse al campanario y tomar el badajo y allí, a costa de su brazo, siguió anunciando al pueblo y a los cientos de personas llegadas de las poblaciones próximas que las hermandades estaban presentándose ante la Primera y que se repetía una vez más esta fiesta que lleva diez años declarada de Interés Turístico Nacional.

Aunque todos valoraron y agradecieron su esfuerzo, ni él ni su hijo, también José Manuel, estaban conformes con el resultado: "Si no eres del pueblo, igual no notas la diferencia, pero la gente de aquí sabe que suena con otra alegría, que no es igual que cuando el motor funciona".

El caso es que las campanas no dejaron de sonar y los bares siguieron igual de llenos. Era la única forma de contrarrestar el calor sofocante que soportaron durante todo el día los que no quisieron perderse detalle en la plaza a pleno sol o en los codiciados retazos de sombra.

Pero la jornada había empezado mucho antes. A las 10.45 horas, puntual, estaba sobre los porches la carreta del Simpecado de Isla Mayor. Con cierta dificultad, sobre todo porque un buey se empeñó en bajar los siete escalones que ahora tienen los porches de frente, se marcharon. Los entendidos del pueblo tenían su explicación: "[El boyero] ha querido salir muy rápido". Nada importó y con una gran ovación, todos aplaudieron el esfuerzo.

Mientras llegaba la siguiente filial, el pueblo continuaba su vida cotidiana: colas en el banco, mujeres con carros de la compra, bullas en los bares... pero todos con su medalla al cuello.

Suenan las campanas, se escuchan los cohetes... y todo el mundo de nuevo a la plaza. Trini, una forastera muy experimentada, va informando a sus amigos neófitos: "Ahora suben los bueyes". "¿Pero les pondrán una rampa de madera?", le inquiere una de sus acompañantes. "No, no. Directamente", explica con entusiasmo. "¿Y las carretas también?. "Hasta dentro de la iglesia".

Llegó entonces Valencia, a su hora, pero adelantando a Marbella. Y sin subir a los porches, los valencianos reclamaron por sevillanas: "Hace siglos que van Gines, Sevilla y Triana (...) pero nosotros venimos desde tierras valencianas". Después le dedican un fandango a Villamanrique y un niño se lanza por sevillanas desde su caballo. Nadie tiene prisa, no importa el tiempo.

Los bueyes de Marbella le dan la razón a Trini y llegan hasta dentro de la iglesia. Pasa después Ronda y en la plaza ya no cabe nadie cuando los caballos de Gines hacen el paseíllo a los charrés y a sus peregrinos, que parecen que no quieren llegar. Casi un cuarto de hora después, el alcalde de carretas, con la ayuda de la Guardia Civil y de los agentes de la Policía Local -que se encargaron de desalojar de coches de caballos la plaza-, el Simpecado se planta bajo los porches. Una peregrina intenta describir por teléfono la escena, pero en el momento clave sólo le sale: "¡Mira, mira! ¡Mira cómo sube!". La carreta estaba arriba y la plaza enmudeció. Canto de la Salve, vítores, los tamborileros de las dos hermandades tocando al unísono la Marcha Real y el Olé... y Gines sigue su camino.

A las 14.30 horas, sin que Huévar haya pasado, se planta en la plaza Camas. "Este año se está viendo menos amarillo en las carretas", comenta una manriqueña en alusión a las flores, rojo sangre para el Simpecado de Camas; blancas y rosas fucsias para el de Gines. Cuidadosamente, los bueyes suben los porches y la carreta se sitúa bajo el dintel de la parroquia. "Cinco escalones tiene Villamanrique (...) Donde suben los bueyes entre oraciones (...) Puerta del cielo, cancelín de la Gloria. No hay un pueblo en el mundo más rociero", le cantan los cameros a los manriqueños. "¿Son cinco?", le preguntan las amigas a Trini. "No, ahora son siete". Y es que el año pasado el Ayuntamiento arregló los porches y suavizó esta peculiar subida con siete escalones.

Camas sigue cantando a Villamanrique mientras "despacito para atrás" va bajando la carreta. Y no se dan la vuelta. El boyero joven quiere que su Simpecado se despida del pueblo mirando a la plaza: la apoteosis.

El grupo Menta Romera, de Huévar, estrenó sevillanas dedicadas a su hermandad, su hermano mayor y al pueblo que los acogía.

Las Palmas de Gran Canarias, que debería haber entrado a las 20.30 horas, pidió ayuda a los manriqueños para sujetar su carreta al subirla a los porches a las 15.30 horas. Y es que la mayoría de sus peregrinos son mujeres.

Ya con el toque de campanas manual entra en Villamanrique Almensilla. Sus boyeros no intentan subir los porches, pero la hermandad se recrea en la plaza. La carreta del Simpecado lleva luto por el que fuera su presidente del 1994 a 1996, Juan Pérez Díaz.

El alcalde de carretas de Benacazón se acerca a pedir permiso para que entre su hermandad. Lentamente, sin prisas, disfrutando del cante y el baile en todo el recorrido por el pueblo. Benacazón se planta ante su madrina.

Y aún quedaban por pasar Priego de Córdoba, Granada, Sevilla Sur, Fuengirola, Umbrete y Bollullos de la Mitación.

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