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Las carreteras hallan su banco de pruebas en la Gran Sevilla

Prueban técnicas para reducir el ruido y la contaminación y aumentar la seguridad vial.

el 12 jul 2010 / 16:38 h.

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El asfalto del área metropolitana se postula como el laboratorio en el que poder mejorar la seguridad vial en la provincia. Y, sobre todo, innovar. Las autovías de Utrera (A-376) y Coria del Río (A-8058) ya han acogido experiencias piloto para instalar nuevos asfaltos antirruido o reciclados. Y antes que estas dos carreteras, la autovía Sevilla-Málaga (A-92) renovó 150 kilómetros de asfalto para reducir la emisión de gases contaminantes.

Los últimos experimentos se están aplicando en cuatro kilómetros de la A-472, la carretera que va desde Sanlúcar la Mayor hasta La Palma del Condado (Huelva), donde se está trabajando para buscar un asfalto que ahorre energía, contamine menos y, además, ponga freno a los ruidos y sea mucho más seguro para los conductores.

Estos trabajos están incluidos dentro del proyecto Fénix, en el que se invertirán 28 millones para llevar la política de I+D+i (investigación, desarrollo e innovación) a las carreteras. Desde que pisó la comunidad autónoma está contando con el respaldo de la Junta de Andalucía, que cede una serie de tramos para que en los mismos se puedan aplicar estos ensayos. Hay tal confianza en estas actuaciones que la delegada provincial de Obras Públicas, Salud Santana, ya piensa en que, si dan resultado, se aplicarán las nuevas técnicas no sólo en algunos tramos, sino en carreteras enteras de la provincia.

La A-472, por tanto, se postula como nuevo laboratorio. Ya en septiembre de 2009 se probó un asfalto que, como dijeron los expertos, “se reciclaba en el mismo lugar”. Ese ensayo, el primero del Fénix en Sevilla, consistía en que el viejo material de la carretera podía cambiarse in situ y en frío, con lo que, además, permitía reducir la contaminación. Eso evitaba tener que retirar la capa deteriorada y transportarla a un gestor de residuos y también tener que fabricar otra nueva con mezcla caliente, que es menos cuidadosa con el medio ambiente.

Otros de los experimentos desarrollados en esta vía están encaminados a la lucha contra el ruido del tráfico. En uno de ellos, en un tramo de 1,1 kilómetros, se espera que los resultados permitan una reducción del impacto sonoro del 15% al 20%, aunque para confirmar ese descenso deberán realizar una serie de mediciones sobre el terreno, cuyos resultados no se darán hasta final de año. ¿Y cómo se hace? En este caso en particular consiste en hacer mezclas discontinuas ultradelgadas, donde se ensaya con diferentes niveles de porosidad. Con ello, según explicó Manuel Atienza, técnico de la empresa pública Gestión de Infraestructuras de Andalucía (Giasa), se pretende evacuar mejor el agua, añadir seguridad vial y reducir el ruido del impacto de la rueda con el pavimento.

Sobre la seguridad vial, ese tramo no escogió al azar. Es un punto de habitual de concentración de accidentes de tráfico y se actuó hasta en tres ocasiones anteriores. Y, en ese cometido, a los ensayos se sumarán medidas como nuevas biondas o la colocación de paneles informativos fluorescentes en el trazado.También hay planes antirruido en otro tramo más de esta carretera, pero usando otra técnica. Entre los kilómetros 7 y 10 se está evaluando cómo funciona el firme obtenido mediante lechadas con polvo de caucho procedente de neumáticos fuera de uso.

No es la primera ocasión en la que el área metropolitana se convierte en laboratorio. Cabe recordar que la A-8058, por ejemplo, probó a finales de 2008 un asfalto nuevo con el que se quería minimizar el ruido y, si funcionaba, quería exportarse el modelo a las travesías de San Juan de Aznalfarache y Gelves, algo todavía pendiente de evaluación. También se impulsó la investigación en la A-376 con el uso de material reciclado.

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