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Las casas del Gran Poder

La preocupación que ahora se manifiesta en las hermandades sevillanas por encerrar a sus imágenes titulares en habitáculos protegidos exhibe como coartada el peligro del fuego o la posibilidad de una acción vandálica pero puede que manifieste un fenómeno antiquísimo...

el 15 sep 2009 / 18:16 h.

La preocupación que ahora se manifiesta en las hermandades sevillanas por encerrar a sus imágenes titulares en habitáculos protegidos exhibe como coartada el peligro del fuego o la posibilidad de una acción vandálica pero puede que manifieste un fenómeno antiquísimo y forme parte del proceso hacia la exteriorización en el que en nuestros días se encuentran inmersas varias religiones del mundo. Esos hechos ya se han dado otras veces a lo largo de la historia e incluso, a lo mejor, son tendencias humanas instintivas.

Hace algún tiempo subí al monte Alam, en la Yebala marroquí, para llegar hasta el santuario de Muley Abdesalam, el Señor del gran poder en el santoral musulmán norteafricano, y, en medio de aquel impresionante paisaje, resultaba claro que lo fundamental no eran ni su vida ni sus obras, sino conservar el recinto donde vivió hace casi mil años, cuyas piedras toscas han venido siendo cuidadas y blanqueadas por cientos de generaciones. Después de todo San Lucas, al dejarnos en su Evangelio la escena de la transfiguración de Jesús en un cerro, añadía que San Pedro le preguntó si no estaría bien construirle allí una cabaña y quedarse.

El sancta sanctorum del templo de Jerusalem, el sagrario de los de Egipto, el recinto vetado a los laicos en los ortodoxos..., no son sino construcciones similares a las que estamos viendo en San Lorenzo, la calle Feria o el Salvador. Resurgen, sustituyendo a la ética en épocas de miedos irracionales y desconcierto real: hechas con ramas de árboles del Monte Tabor, con piedras sin pulir en medio de la cordillera del Rif o del mismo acero que el Empire State en las iglesias de Sevilla, a todas las rige el mismo pensamiento: construir cielos inmarcesibles pero tangibles para crear en nosotros la sensación de poseer el poder de la eternidad.

Antonio Zoido es escritor e historiador.

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