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Las celestiales sedes judiciales

Parece ser que los responsables de decidir la futura ubicación de la Ciudad de la Justicia de Sevilla, por fin, se han cansado de deshojar la margarita, y después de seis años de sesudas deliberaciones y cambios de opinión y criterio, han llegado a la misma conclusión que se alcanzara en un principio...

el 15 sep 2009 / 22:18 h.

Parece ser que los responsables de decidir la futura ubicación de la Ciudad de la Justicia de Sevilla, por fin, se han cansado de deshojar la margarita, y después de seis años de sesudas deliberaciones y cambios de opinión y criterio, han llegado a la misma conclusión que se alcanzara en un principio, lo que demuestra que el camino más recto entre dos puntos, en términos de racionalidad política, no es la línea recta precisamente.

Así pues los juristas de generaciones venideras pueden estar de enhorabuena, pues se ha anunciado que las obras empezarán sobre el año 2012, lo que no deja de ser otra declaración programática de intenciones, por lo que calculo que la primera piedra y correspondiente foto se dilatarán unos añitos más, lo que conllevaría a la conclusión de tan magna obra más o menos a la vez que se concluya el proyecto completo de las obras del Metro. Me emociono de pensar en ese momento, cuando ya jubilado se la muestre orgulloso a mis nietos. Porque se ha de saber que la Política de Justicia en España se sustenta sólo en mero escaparate y fachada, no en cál-culos reales de inversión sino en mera apariencia y montaje mediático.

Un ejemplo, hace unos meses se inaugura en un pueblo un nuevo edificio judicial, correspondiente foto y noticia para reafirmar la apuesta por el ejecutivo en mejorar esta maltratada Administración. Verdad intramuros: no hay ordenadores, no hay personal, por no haber no había ni sanitarios, un funcionario interino sufre una necesidad fisiológica apremiante y su deposición, vulgo mierda, directamente, por efecto de la ley de la gravedad, pasa a decorar la carrocería de un vehículo estacionado en el sótano. Luego, claro, los jueces queremos hacer huelga por capricho y para pedir dinero. Esto último es cierto, mas dejando claro que ese dinero ha de ser para invertirlo como único remedio que puede hacer sanar a la Justicia de su diagnóstico de podredumbre.

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