Cofradías

Las chicotás mudas más aplaudidas

San Gonzalo inaugura el nuevo modelo de regreso de una cofradía a su templo en día diferente al de la estación tras guarecerse de la lluvia.

el 08 abr 2012 / 18:18 h.

San Gonzalo inauguró ayer el nuevo modelo de regreso de una cofradía a su templo en día diferente al de la estación tras guarecerse de la lluvia. En absoluto silencio y por el camino más corto. Una imagen que costaba asimilar a quienes veían pasar el misterio del Soberano Poder ante Caifás sin cornetas. "Qué raro se hace ver un paso así: sin música ni nada. No lo entiendo", murmuraba un trianero en el puente a la altura de la capilla de la Virgen del Carmen.

Pero es lo que veremos a partir de ahora. Nada de segundas estaciones de penitencia ni procesiones extraordinarias. Son las nuevas normas para la Semana Santa aprobadas por el Consejo de Cofradías y el Arzobispado.

Suerte que contó con el calor del barrio de Triana, que lo acompañó con sus palmas. Las que le hicieron en cada arriá y levantá de Reyes Católicos a San Jacinto. Los hermanos de San Gonzalo cumplieron con los horarios -había que dejar libre el Paseo de Colón para la corrida de toros de las 18.30 horas-, y a las cinco de la tarde el paso de misterio -guarecido en la iglesia de la Magdalena desde el Lunes Santo por la tromba de agua que le cayó por el puente- ya pisaba suelo trianero en el Altozano.

En la presidencia del paso se pudo ver al delegado diocesano de hermandades y cofradías, Manuel Soria Campos, al delegado del Lunes Santo, Claudio Espejo; y al responsable del distrito Triana, Curro Pérez.

Menudo tapón se formó en San Jacinto, a la altura de la capilla de la Estrella. Todos querían ver cómo el Señor recogía a la Virgen de la Salud, refugiada aquí el Lunes Santo. Fueron los momentos más emotivos, con saludos merecidamente aplaudidos y el inesperado giro de la Virgen hacia el Altozano. El motivo lo daba una vecina: "Se despide de Sevilla y además bendice a la gente que está al otro lado de la calle". Eso sí, los más pequeños se resistían a tanto silencio y llegaron a tararear marchas procesionales.

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