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Corralas: tras los pasos de Utopía, con La Libertad como ejemplo

De los siete edificios que han sido ocupados en bloque por familias desahuciadas, tres resisten y en uno han logrado un alquiler social

el 12 may 2013 / 09:00 h.

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Protesta de Utopía ante el edificio ocupado. Una de las movilizaciones ante la Corrala Utopía. ¿Cómo se resiste un año en un edificio ocupado sin luz ni agua? La respuesta de Manoli es de una lógica aplastante. “Porque no tengo otra cosa y yo en la calle no me quedo habiendo pisos vacíos. Yo no soy una delincuente, yo estoy buscando una vivienda y sí, estoy incumpliendo la ley, pero los grandes cargos también porque la ley dice que tengo derecho a una vivienda digna”. Manoli es una de pioneras de la Corrala Utopía, un bloque de 36 viviendas que llevaba años terminado y vacío en la Avenida Juventudes Musicales de San Lázaro y que hace un año ocuparon otras tantas familias con el apoyo del 15M, convirtiéndose en un símbolo de esta lucha. Un año después, las familias que aún siguen están imputadas por ocupación ilegal y el juez les ha instado a irse voluntariamente antes de dictar una orden de desalojo mientras la Junta, el Defensor del Pueblo e Ibercaja (propietaria del inmueble) mantienen desde hace meses negociaciones para buscar una salida que no llega. Manoli y sus vecinos han sido entrevistados por medios de medio mundo, desde el New York Times a la cadena Al Jazeera; tras la Corrala Utopía, solo en Sevilla capital hubo seis más: tres han sido desalojadas y en una han logrado un contrato de alquiler social con la propietaria. Se ha tramitado, y rechazado, una Iniciativa Legislativa Popular para la dación en pago en el Congreso y la Junta ha aprobado un decreto –cuestionado por la UE y el Gobierno central– para multar a los bancos con pisos vacíos y expropiárselos en caso de que vayan a ser desahuciadas familias en riesgo de exclusión. El 15M y las corralas, junto a Stop Desahuicios y la Plataforma de Afectados por las Hipotecas, han puesto en la agenda política el problema de la vivienda. De las 36 familias que ocuparon la Corrala Utopía el 16 de mayo de 2012, algunas se han marchado en desacuerdo con el movimiento, otras han optado por quitarse del foco de atención y ocupar pisos vacíos individualmente y las menos han tenido la suerte de encontrar empleo y poder pagar un alquiler del mercado libre o se han vuelto a su país en el caso de inmigrantes. Manoli Manoli, en su piso de la Corrala Utopía. “No todos están mentalizados, la gente quiere un piso y ya está, pero yo defiendo que si conseguimos no solo algo para nosotros sino cambiarlo para los demás... eso de que si tienes un plato de comida no te mueves no debe ser así”, critica Manoli. A sus 66 años, en paro y sin subsidio de desempleo porque trabajaba limpiando sin cotizar, solo cobra una pensión de viudedad de 418 euros. Dos de sus hijos están en otros dos pisos ocupados “y una de ellas, madre soltera, ha encontrado pareja en la corrala”, mientras un tercero vive con ella. Su piso, que compró con su hija, salió a subasta hace 14 meses y aún no ha recibido la orden de lanzamiento. “Está vacío. Yo podía irme allí a dormir, ducharme... pero sabía a lo que me atenía cuando entré. Allí tenía miedo, aquí no porque no estás sola, y creo que más tarde o más temprano sacaremos lo que queremos, un piso que podamos pagar, pero hay que apretar y no es sencillo”, dice optimista. Al igual que hay familias que se han marchado, han llegado otras procedentes de ocupaciones frustradas. Es el caso de Tina, que junto a su marido e hijo formaron parte de la Corrala La Alegría, un edificio ocupado el 2 de septiembre en la calle Feria por cinco familias que fueron desalojadas veinte días después. Tina y su marido están en paro. “Mi marido aparca coches en Santa Justa para comer y está esperando un dinero que le deben de un despido”, explica Tina. Llevaban dos meses en un albergue tras estar un tiempo en casa de una hermana y luego en la de una tía de su marido. “La asistente social me dijo que con un hijo que entonces era menor, al tener 17 años si nos veían en la calle nos lo podían quitar y antes de entrar en el albergue contacté con el 15M”, relata. En La Alegría, la Policía se personó a los pocos días tras la denuncia de los propietarios que alegaban que el edificio estaba vacío porque se iba a reformar para construir un hotel; la licencia de obras está concedida aunque aún no han comenzado. Ese día no pudieron, pero “luego llegaron de madrugada y nos pillaron desprevenidos y sin apoyo. Estábamos durmiendo, oí golpes y me asusté al ver a los policías con los cascos y eso, nos dijeron que recogiéramos lo imprescindible y que saliéramos aunque todo correcto, no pasó nada. En una reunión los de aquí nos dijeron que nos hacían un hueco”. Hay otra familia también procedente de La Alegría y dos de La Ilusión, un bloque ocupado en noviembre en la calle Lumbreras durante una manifestación del 15M que acabó con incidentes con la Policía. Tras la denuncia de la propiedad y la orden de desahucio dictada por el juez, las 18 familias han abandonado voluntariamente el edificio en los últimos días. Los pisos de Manoli y Tina están amueblados con préstamos y donaciones. Ambas son conscientes de que no son suyos y no saben si se quedarán. Desde que recibieron la citación judicial, y tras el precedente de La Ilusión, hay preocupación. Muchos están ya recogiendo sus enseres preparados para lo peor. “A mí nada más que me preguntan por cómo fue lo de La Alegría”, dice Tina, que reconoce que si los desalojan y a su marido no le pagan el dinero del despido “nos iremos a la calle”. ¿Volvería a ocupar otro edificio?. “Pues no lo sé, porque el niño está ya cansado de todo esto pero no tenemos donde ir”. Pese a carecer actualmente de ingresos, defiende que un alquier social de “100 euros podría pagarlo con ayuda de mi suegra y mi hermano”. En un año ha habido altibajos. Cuando Ibercaja anunció publicamente su intención de negociar casi hacen una fiesta, pero el tiempo ha ido pasando y hoy no todos son optimistas. El Defensor está mediando y la Junta ha dicho públicamente que la Corrala Utopía cumpliría los requisitos para aplicar el decreto aprobado y multar a la entidad por tenerlo vacío. Desde el 15M, Juanjo García lo tiene claro: “Esto va a demostrar si realmente el decreto puede cambiar el mercado inmobiliario y que a los banco les convenga dar alquileres sociales”. libertad Francisco Javier, con su contrato de alquiler social. De las siete corralas, hay una que es el ejemplo al que el resto aspira: Libertad. Las siete familias que el 22 de diciembre ocuparon un bloque en la calle Evangelista son, desde hace un mes, inquilinos legales con un contrato de alquiler social de 80 euros mensuales por cinco años suscrito con la promotora Quisemar Integral. Inicialmente barajaron constituirse en una cooperativa y pagar un alquiler entre todos por el bloque, según explica Francisco Javier, un dentista en paro cuyos ingresos se reducen a lo que logra “con chapuzas de aquí y de allᔠy que perdió su piso en propiedad, con una hipoteca de la CAM, después de que “por dos meses sin pagar los 800 euros decían que debía más de 20.000”. Según señala, ese modelo de cooperativa “no existe” y critica que “el 15M quería participar y si yo no iba a tres manifestaciones o a las reuniones me quitaban el piso”, de ahí su crítica al movimiento. Finalmente firmaron contratos de alquiler individuales. A su juicio, “muchas corralas debían seguir el ejemplo e intentar hablar con los propietarios y llegar a acuerdos”. Defiende que “tampoco se puede querer querdarse un piso por la cara, si gano algo lo normal es pagar lo que pueda. Eso sí, si no tengo nada no me pueden dejar en la calle”. “De bien nacidos es ser agradecidos, nos han apoyado mucho y estoy muy orgulloso del 15M, pero hay gente dentro buscando medallitas y en nuestro caso al no aceptar lo que pretendían no quieren saber nada de nosotros ni nosotros de ellos”, explica Francisco Javier crítico, ante su vecina Brígida, que prefiere callar. Su preocupación es gestionar el alta de luz y agua porque “solo los contadores cuestan ciento y pico euros y aquí la gente no puede, lo haremos poco a poco”. “Solo con el asesoramiento del 15M hay 400 pisos ocupados” El 15M hace balance “positivo” de este año por lo que se ha logrado en cuanto a movilización y conciencia social y también con “autocrítica” por la dificultad de mantener las ocupaciones colectivas con un perfil diferente del joven hasta ahora integrado en el movimiento okupa, familias con niños que han pasado de una vida normalizada a una situación donde “sobre todo la falta de suministros se hace insoportable”, explica Juanjo García. Es por eso que en el 15M ven cada vez más gente que opta por la ocupación individual de pisos sueltos donde pasan más desapercibidos y no sufren el acoso del corte de luz y agua. “Solo que hayan pasado por los puntos de información del 15M y con nuestro asesoramiento en Sevilla capital hay más de 400 pisos ocupados así. La gente ya ve la ocupación como una salida”. Las ocupaciones colectivas son complejas “y están funcionando mejor en los pueblos, por la solidaridad vecinal y porque los alcaldes se implican; en Mairena es del PP y ha puesto un punto de luz y agua en la calle”. Las corralas, de momento, van a parar hasta ver qué pasa con Utopía, Esperanza y Unión.  

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