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Las cosas como son

Don Juan de Mata Carriazo entraba siempre en su aula (que no era la que hoy lleva su nombre, sino la del otro lado del pasillo) tronando ¡qué guirigay, qué guirigay! (imitado siempre, perfectamente, por Alberto Fernández Bañuls). Era su estilo para acallar el gallinero del centenar largo de alumnos (la suegra de Ruiz Gallardón, entre ellos) que ocupaba las bancadas...

el 15 sep 2009 / 22:39 h.

Don Juan de Mata Carriazo entraba siempre en su aula (que no era la que hoy lleva su nombre, sino la del otro lado del pasillo) tronando ¡qué guirigay, qué guirigay! (imitado siempre, perfectamente, por Alberto Fernández Bañuls). Era su estilo para acallar el gallinero del centenar largo de alumnos (la suegra de Ruiz Gallardón, entre ellos) que ocupaba las bancadas. En cuanto se situaba tras la mesa sobre la tarima el guirigay cesaba y él comenzaba a hablar de tartesos y tartesios en medio del silencio general: era el último rescoldo de las brasas de la Institución Libre de Enseñanza en la Universidad de Sevilla.

Es la misma que ahora, en un estudio con el 97% de fiabilidad, ocupa el puesto 40 entre 48 -o sea, a punto de jugar la liguilla de descenso- sin que, al parecer, en el actual guirigay con Bolonia como patente de corso, nadie se dé mucha cuenta del peligro. Nada mejor en una crisis que un enemigo exterior. Mientras tanto, a la cabeza de la tabla del estudio, con más artículos de impacto, más proyectos I+D y más tesis doctorales, se sitúa la Universidad chica de Sevilla, la Pablo de Olavide, a la que hace no tanto tiempo un rector de la otra calificaba de "colegio con un gran patio de recreo".

Un David de 11 años (casi como el de Donatello) vence a un sedicente Goliat con más de 500 que, hace ya los años de las últimas clases del profesor Carriazo, perdió las ganas de vivir. Mientras, en las soledades de Montequinto, una rectora (que en realidad no era sino una gestora), Rosa Valpuesta, se puso el chandal de seleccionadora y comenzó una campaña de fichajes, resistiendo presiones de todo tipo, dejándose aconsejar por la prudencia, luchando con muchos, incluso con la muerte. Sin hacer caso a guirigais. Si hay una corona de laurel, que se la den a ella. Las cosas como son.

Antonio Zoido es escritor e historiador.

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