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Las dos caras de Nervión

Cara y cruz: de día, fragor y ruido; de noche, quietud y silencio con preciosos rincones que no todo el mundo conoce.

el 14 may 2010 / 19:00 h.

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Fachada de azulejos de la Cervecería Europa con sus veladores.

Si alguien le nombra el barrio de Nervión, seguramente se le forme la imagen mental de los puntos de referencia por excelencia: el Estadio Sánchez Pizjuán, el centro comercial Nervión Plaza, el hotel Los Lebreros o el Corte Inglés. Pero Nervión es mucho más que una zona de altos edificios cuyas ventanas comienzan a encenderse a las siete de la mañana; mucho más que un conjunto de avenidas ruidosas repletas de tráfico; mucho más que un centro económico y comercial. Nervión es una ciudad dentro de otra.

El barrio de Nervión se levantó en 1900 sobre los terrenos del Cortijo del Maestre Escuela, propiedad del Marqué de Nervión. Desde entonces se ha convertido en uno de los barrios más populares de Sevilla al que se puede considerar como el centro geográfico de la ciudad y una importante zona de servicios.

Pero ahí no termina su encanto. Esa es la cara conocida. Existe un Nervión que proporciona al visitante disfrutarlo con los cinco sentidos, lleno de magia en el que perderse sería todo un lujo.

Si pasea por la Avenida Cruz del Campo, su vista le obligará a realizar una parada para observar el Templete o Humilladero de La Cruz del Campo, de estilo mudéjar y con una cruz de mármol en su interior, que indica la finalización del Vía Crucis sevillano. Minutos después, sus ojos se desviarán inevitablemente hacia un palacete situado en la acera de enfrente; se trata de un enorme y precioso edificio que en su momento fue residencia del Marqués de Nervión el cual le da nombre al barrios. Es el Asador de Aranda, un restaurante dedicado a Castilla y León. Un establecimiento al más puro estilo castellano, con una carta perfectamente elegida para traer a Sevilla los manjares de las tierras de Castilla.

Otro de los lugares que sin duda merecen parada obligatoria a su paseo por el barrio, es la Cervecería Europa, que reconocerá fácilmente debido a los bonitos azulejos que decoran su puerta, los cuales despertarán su interés incitando a que entre en el local y pruebe alguna de las numerosas cervezas internacionales que se ofrecen. Abierta desde el año 1987, se trata de un negocio familiar que ha pasado de generación en generación, y ese ambiente cálido se nota tanto en el servicio como en la carta de degustación.

La guinda del pastel son los Jardines de Santo Domingo, inaugurados en 1981 y que proporcionan al barrio de Nervión un alivio dentro de su asfixiado entorno. Escondido entre edificios, estos jardines cumplen a la perfección su papel de zona verde apta para el recreo de niños, el paseo de jóvenes y el reposo de los más mayores.

Diferentes lugares que visitar, de interés cultural, gastronómico y ocioso. Pero la esencia de un barrio la pone su gente; la que trabaja allí, la que pasea por sus calles y, sobre todo, la que vive en la zona, a las que le gusta afirmar que son "del barrio" y que han encontrado en él su lugar para ver pasar los años.

Es curioso resaltar el caso de unas señoras mayores, vecinas de Nervión, alguna de las cuales tienen unos perritos de raza yorsay, a los que cada día visten con diferentes prendas como si de niños pequeños se tratara, y que durante las horas que pasan sentadas en el bar pasaje (dentro de éste o en su terraza), que no son pocas, las acompañan como un miembro más. Es curioso el dato porque puede pasar a cualquier hora del día y encontrarlas allí charlando y riendo en compañía de sus perritos.

Numerosos y coloridos geranios en esta época del año decoran balcones y ventanas. Y un llamativo molinillo de viento en forma de flor (a falta de macetas) sobre la barandilla de un pequeño balconcito en la calle Juan de Zoyas, cuyos pétalos multicolor crean una preciosa imagen al girar en círculos cuando "Eolo" decide soplar.

No sólo de paso, Nervión es una zona en la que numerosos bancos de madera y forja invitan a sentarse a disfrutar del ambiente de gentío que viene y va de un lado a otro y apenas se detiene. Por ello que resulta paradójico que los bancos de la zona nunca estén vacíos: siempre verá a alguien que ha elegido la zona como punto de descanso, de espera o simplemente, de ocio. Cuando termine de leer el periódico, sin pensarlo, visite este "desconocido" barrio para vivir en primera persona estos rincones mágicos que El Correo ha querido que conozca. Disfrútelos.

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