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Las familias huidas tras el tiroteo del Polígono Sur duermen en la calle

Las 300 personas que huyeron de sus casas del Polígono Sur hace mes y medio tras una pelea en la que un joven de 17 años murió de un disparo continúan viviendo en precarias chabolas en un descampado. Sin luz ni agua, con ancianos y bebés y un centenar de niños sin escolarizar, aguardan una salida. La Junta dice que está trabajando.

el 16 sep 2009 / 02:28 h.

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Las 300 personas que huyeron de sus casas del Polígono Sur hace mes y medio tras una pelea en la que un joven de 17 años murió de un disparo continúan viviendo en precarias chabolas en un descampado. Sin luz ni agua, con ancianos y bebés y un centenar de niños sin escolarizar, aguardan una salida. La Junta dice que está trabajando.

Bajo un calor veraniego, decenas de adultos dejaban pasar el tiempo ayer sentados ante las enclenques estructuras que han levantado con palos y plásticos, mientras los niños que tendrían que estar en clase se arremolinaban al ver llegar a gente de fuera. "¿Tú qué haces aquí?", preguntaba curiosa una chica dando patadas al polvo del suelo. Su respuesta a esa misma pregunta era contundente: "Nosotros nos aburrimos".

Patrulleros de la Policía Autonómica comprobaban lista en mano quiénes estaban en el poblado, como hacen al menos tres veces por semana; y se aseguraban de que no habían surgido problemas. Según los chabolistas, son quienes más los han visitado.

La consejería de Bienestar Social de la Junta de Andalucía asegura que está trabajando "de muchas formas" para encontrar una salida, pero prefiere no dar detalles porque la situación es "muy complicada". Varias entidades -que también abogan por el más absoluto mutismo-, y la propia administración están en contacto con estas familias, pero la ayuda básica que reciben es casi nula, salvo un poco de comida y ropa.

Su situación desde que a finales de marzo huyeron por temor a represalias de la familia del fallecido, porque el tiroteo se produjo ante sus pisos del Polígono Sur con alguno de ellos implicado en la pelea, es peor incluso que en otros núcleos de chabolas. Allí no hay nada. El suelo es de tierra, la maleza es alta y niños y adultos van descalzos entre escombros, comidos de suciedad. No tienen agua ni luz, ni por supuesto la más mínima infraestructura sanitaria.

Una mujer -nadie aquí quiere identificarse- cuenta que su marido necesita un respirador conectado al oxígeno, que le dio el hospital y que alimenta con un pequeño motor que ha comprado. Desde que se instalaron allí han nacido tres niños -el último, el jueves por la noche, con cesárea- y otro pequeño ha sido operado de apendicitis y tiene la barriguita cubierta con una venda extrañamente blanca para la suciedad de alrededor. Hay ancianos, diabéticos, muchos niños pequeños y chiquillas de 15 años embarazadas, y no por primera vez.

Esta treintena larga de familias no vive su primer exilio. Ocupaban chabolas -mucho mejores- en Los Bermejales, pero en 2004 el Ayuntamiento les pagó para que se fueran, pero sin ninguna medida social que los ayudara a integrarse y normalizar su modo de vida. Compraron en el Polígono viviendas que no podían ser vendidas y se quedaron cinco años; los apodaron los caracoleños porque venían de caracolas prefabricadas. En marzo, una disputa por un asunto de drogas trivial acabó con una bala perdida que mató al chaval, y su familia amenazó a todas éstas y a algunas de otros barrios, por eso se fueron. El Comisionado del Polígono Sur, que en 2004 padeció su llegada porque muchos son conflictivos y deterioraron -más aún- la convivencia en una zona tan difícil, terció para calmar una probable venganza entre familias y precintó los pisos que habían adquirido irregularmente.

A los chabolistas les ha llegado alguna comida del Banco de Alimentos a través del educador de calle Jorge Morillo, que lleva trabajando con los críos desde que vivían en Los Bermejales hace cinco años, tratando de socializarlos a través del fútbol. Pero los adultos se siguen quejando de que allí, además de no tener nada, están lejos de todo lo que conocen. "Y los niños han dejado de ir a la escuela, con el trabajo que costó. Podrían traer aquí un maestro", dice una madre. "Queremos un techo y un colegio para los niños", insiste una mujer que dice tener 38 nietos y 12 bisnietos.

Quieren regresar al Polígono Sur, tarea difícil porque el Comisionado, al que los vecinos de esa zona aplauden la decisión de no permitir su vuelta, ha puesto como condición que demuestren la propiedad de las casas, algo imposible en los muchos casos en los que se compraron bajo cuerda. "El que lo haya hecho que lo pague, pero a los demás que nos dejen volver", decía ayer un vecino, que considera injusto que se hayan tenido que ir todos por el disparo que hizo uno solo. Los ofendidos defienden la venganza prevista en la ley gitana, pero ellos piden "la ley paya, porque las cosas han cambiado", y que sólo el autor de la muerte cargue con las culpas.

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