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Las gotas de cera inundaron San Martín

el 15 sep 2009 / 02:02 h.

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Los charcos de la calle Cervantes ya hacían prever lo peor. No era mejor la estampa al llegar a San Martín, donde los coches seguían pasando por delante de la Policía Local y una veintena de devotos se había apartado a los soportales de la plaza y de Divina Enfermera.

El resto esperaba bajo el paraguas.

De modo que no sorprendió la decisión de no salir a la calle, comunicada a los nazarenos por el hermano mayor, Ignacio Respaldiza, a través de los altavoces de la iglesia. Sí el que la junta de gobierno se reuniera en cabildo a las cinco y media de la tarde tras pedir media hora de moratoria. "¿Pero no vamos a salir, no?", se escuchaba sin cesar en la casa hermandad y en el interior del templo, tal y como reconoció después Respaldiza.

El claro que barajaba y que anunció el Agencia Estatal de Meteorología no era suficiente para una hermandad que en su camino a la Campana no tenía donde guarecerse. "Como está el tiempo, es imposible completar estación de penitencia. Nos dan un par de horas sin agua, pero nosotros con eso no vamos a ningún lado. No puede ser, lo siento mucho, sobre todo, por los hermanos jóvenes, porque los mayores como yo nos lo tomamos de otra forma", explicó el hermano mayor, sereno, aunque con los ojos todavía húmedos.

Minutos antes todos los nazarenos se habían congregado en torno al Señor de la Sagrada Lanzada y la Virgen del Buen Fin para recibir la triste aunque esperada noticia. "Siempre es más fácil tomar una decisión tal y como está el día. Pero no por eso deja de ser dolorosa", admitió el hermano mayor. El consuelo también llegó a los costaleros en la voz de su capataz, Ismael Vargas. "Aunque sólo hayamos levantao los pasos para ponerle las ruedas, tened por seguro que el trabajo ya está hecho. Y bien hecho".

La penitencia en la tarde de ayer se vivió dentro de la iglesia y de cada uno de los hermanos que con o sin el capirote iban abandonando San Martín con los ojos encapotados, igual que el cielo.

Ya fue a las siete y cuarto de la tarde cuando se abrieron las puertas del templo, una vez los hermanos terminaron de rezar el viacrucis y el rosario. Hasta ese momento, no cayó gota de agua, sino de cera, cuando encendieron la candelería de unas imágenes bellamente adornadas para el culto público en San Martín.

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