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Las guaridas de la serpiente

No tienen intención de poner una bomba o empuñar una pistola, ni de seguir al militar cuando lleva a los niños al cole o al político que se va de cañas. No son etarras al uso, pero sí les dan cobijo y ayuda económica cuando lo necesitan. Con ese perfil, Interior tiene localizados en Andalucía a una veintena de colaboradores, como Juana Orta.

el 16 sep 2009 / 04:18 h.

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No tienen intención de poner una bomba o empuñar una pistola, ni de seguir al militar cuando lleva a los niños al cole o al político que se va de cañas. No son etarras al uso, pero sí les dan cobijo y ayuda económica cuando lo necesitan. Con ese perfil, Interior tiene localizados en Andalucía a una veintena de colaboradores, como Juana Orta.

La frustrada huida de etarras de la cárcel de Huelva ha dejado en el aire dos sensaciones: la buena, la de saber que los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado trabajan bien en tareas preventivas -aunque no siempre lleguen a tiempo; matar es bien fácil-, y la mala, la certeza de que cerca, en Andalucía, hay quien alienta y apoya a los terroristas. Es el caso de Juana Orta, una activista vecinal y ecologista de Huelva a la que ahora se investiga como presunta miembro de la estructura creada por ETA para apoyar la fuga del preso que intentó matar al Rey.

Su colaboración dejando que en su vivienda durmieran familiares de presos etarras, algunos de ellos relacionados también con la violencia, provoca la pregunta: ¿tiene ETAuna red permanente de colabora con la banda en la comunidad? Según informan desde el Ministerio del Interior, "ETA carece de una estructura estable en la comunidad", ya que los continuos golpes policiales, que desmantelan una vez tras otra su cúpula (Txeroki, Thierry, Martitegi), "minimizan también los comandos itinerantes o fijos". Sin embargo, el ministerio tiene fichada a "una veintena" de personas, andaluces en su mayoría, que sí prestan un apoyo "logístico" a la banda. Como explican, "es gente que no está dispuesta a matar, que desconoce el uso de las armas o de cómo se monta una bomba, pero que operativamente son importantes, porque dan un apoyo puntual necesario y, sobre todo, seguro, porque son legales, no están fichados". Estas personas hacen vida normal en Andalucía -se concentran especialmente en Málaga, Sevilla y Córdoba- y ocasionalmente pueden prestar su casa a los etarras o sus colaboradores e, incluso, "les ceden pequeñas cantidades de dinero", por ejemplo, para comida o transporte. En varios de los casos, añade Interior, "estas personas han sido identificadas tras participar en encuentros políticos pro-etarras en el País Vasco". Las autoridades esperan que el golpe de Huelva "retraiga a estos colaboradores y enfríe su ayuda". Mientras tanto, lo que queda es "seguir investigando para prevenir", concluyen.

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