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Las guerras que sonrojan a Occidente

El periodista Ryszard Kapuscinski ya advirtió de que las nuevas guerras están dirigidas contra las mujeres y los niños. Así ha ocurrido en el Congo en el último brote de una guerra latente y olvidada. Entre 3,5 y 5 millones de personas han muerto desde 1998. Foto: EFE.

el 15 sep 2009 / 20:21 h.

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El periodista Ryszard Kapuscinski ya advirtió de que las nuevas guerras están dirigidas contra las mujeres y los niños. Así ha ocurrido en el Congo en el último brote de una guerra latente y olvidada. Entre 3,5 y 5 millones de personas han muerto desde 1998, pero esas muertes nunca acapararon tantas portadas como las de Irak.

Se llaman guerras olvidadas porque no se habla de ellas, ya sea porque ocurren demasiado lejos o porque simplemente no interesa. Y son la gran vergüenza de Occidente. Haití, Chechenia, Nepal, Indonesia, Birmania... Los conflictos bélicos que azotan a estos países sólo saltan a los medios cuando la cifra de víctimas mortales empieza a ser más preocupante de lo normal. Calmado el brote belicoso, vuelven a olvidarse.

En 2002, la Organización Mundial de la Salud (OMS) entregó por primera vez a la comunidad internacional y a los pueblos del mundo el Informe Mundial sobre la Salud y la Violencia, que cifra en 190 los conflictos bélicos que han tenido lugar desde la Segunda Guerra Mundial.

Volviendo a Kapuscinski, corresponsal de guerra durante gran parte de su vida, él recordó años antes de morir que en la Primera Guerra Mundial se producía una víctima civil por cada siete militares. Ahora las fuerzas armadas evitan confrontaciones entre sí y los primeros que caen son mujeres y niños. Por la muerte de cada soldado fallecen siete civiles.

Los casos más escandalosos de guerras olvidadas se dan en África. A partir de la Conferencia de Berlín, celebrada en los 80, el reparto colonial del continente se hizo a base de líneas dibujadas en un mapa, fronteras artificiales que dividieron tribus, poblaciones y clanes de la misma etnia.

El Congo. El pasado noviembre, la prensa internacional informaba de que para tener una percepción exacta del número de los civiles muertos en la matanza que tuvo lugar en la ciudad congoleña de Kiwandja habría que entrar una por una en las habitaciones de las casas. Bajo el conflicto incurable del Congo, que ha vuelto a estallar tras unos años de tensa calma, subyace una causa sencilla: el dinero. En el subsuelo de este país africano está el 80% de la reserva mundial de coltán, un mineral esencial para la fabricación de microchips de nueva generación con los que se fabrican baterías de larga duración en teléfonos móviles y videojuegos. A finales de los 90, paradójicamente, la gran riqueza congoleña llevó al país a una ruina irrecuperable.

En el conflicto entraron Ruanda y Uganda, países limítrofes con el Congo. La guerra se internacionalizó y se disfrazó como un conflicto étnico entre los hutus y los tutsis. Pero con el paso del tiempo las causas se aclararon y los medios empezaron a explicarlo así: "Por cada kilo de coltán mueren dos niños en el Congo". Ahora, la violencia, el hambre y la enfermedad han vuelto a instalarse en el país mientras la UE se piensa si es preciso intervenir.

Zimbabue. Al sur del Congo está Zimbabue, otro país africano que ha vuelto a estar de moda en los últimos meses. El pasado junio, en la segunda vuelta de las elecciones, Robert Mugabe, que ha gobernado el país durante 28 años, obtuvo la victoria siendo el único candidato a los comicios.

Las sospechas, más que fundadas, de fraude, desencadenaron continuas disputas con la oposición y una crisis política que no sólo se ha enquistado, sino que se ha convertido en una emergencia sanitaria. El peor brote de cólera de la historia del país se ha cobrado ya más de mil vidas, según la Oficina para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA), mientras que los contagios ascienden a unos 20.000.

Los organismos de ayuda humanitaria creen que la causa de la epidemia es la falta de inversión y mantenimiento por parte del Gobierno tanto de la red de alcantarillado y las depuradoras como de las estructuras de sanidad de Zimbabue, en declive desde hace años. Sin embargo, el Ejecutivo de Harare afirma que las numerosas sancionas impuestas por Occidente a Mugabe son las que han impedido la mejora de las infraestructuras.

Somalia. Somalia, en la costa este de África, no tiene gobierno efectivo desde 1991, año en que el dictador Siad Barre fue derrocado por señores de la guerra de clanes enfrentados. Desde entonces, y según denuncia la organización Human Rights Watch (HRW), "la violencia y el caos han ido en aumento". Según HRW, tanto las fuerzas etíopes, presentes en el país desde diciembre de 2006, como el Gobierno Federal de Transición, en activo desde 2004, han violado, saqueado y utilizado a los civiles como escudos humanos.

Paralelamente, el problema de la piratería en las costas somalíes se ha descontrolado. Según la Oficina Marítima Internacional, en lo que va del año piratas han atacado más de 90 barcos en la costa oriental de África. Los numerosos casos de secuestros de buques extranjeros han provocado una respuesta militar sin precedentes, aunque poco exitosa, de la comunidad internacional.

Otros focos. Una democracia que no acaba de consolidarse y una enorme crisis económica son el perfecto caldo de cultivo para que surja un conflicto armado. Éste es el caso de Costa de Marfil, un país que ha sufrido en los últimos años mortales enfrentamientos étnico-regionales. Es el primer productor de cacao del mundo y constituye una de las piezas clave en la geoestrategia de Francia en la región de África Occidental. En ese sentido y a pesar de que Costa del Marfil es una República independiente desde 1960, Francia ha permanecido presente sobre el territorio marfileño y la lucha por el cacao ha propiciado importantes derramamientos de sangre.

Sangre civil ha sido también derramada en territorios como Liberia, Sudán y Angola, países de los que probablemente muchos occidentales no son capaces de decir mucho más además de que están en algún lugar de África.

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