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Las huellas de las convicciones y la técnica de Griñán en el Parlamento

Las huellas del futuro presidente de la Junta se pueden seguir con facilidad en el diario de sesiones del Parlamento andaluz. Su nombre se repite párrafo tras párrafo en textos que definen su perfil, lo que le hace disfrutar de la política y lo que le repugna.

el 16 sep 2009 / 01:15 h.

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Las huellas del futuro presidente de la Junta se pueden seguir con facilidad en el diario de sesiones del Parlamento andaluz. Su nombre se repite párrafo tras párrafo en textos que definen su perfil, lo que le hace disfrutar de la política y lo que le repugna. Desde que el 26 de mayo de 2004, "con respeto y emoción", volvió a pisar la tribuna de la Cámara autonómica, a Griñán lo han acribillado a preguntas desde la bancada de la oposición. Cuanto más peso ha ganado en el Gobierno, más presión sobre él, a veces por pura reiteración del mismo asunto. "Saben sus señorías que a veces el soneto tiene 15 versos, es que tiene un estrambote. Y en los anales del parlamentarismo no había conocido yo cosa como ésta...", se burlaba antes de responder sobre política presupuestaria sólo 12 horas después de un debate de presupuestos.

El Griñán del diario de sesiones -que es una transcripción íntegra de lo que ocurre en el terreno de juego parlamentario- es un consejero de Economía y Hacienda cargado de datos para explicar las vacas gordas de su primera legislatura y las flacas de ésta; con mucha vocación pedagógica en las materias más farragosas -se ha mostrado didáctico al hablar de la financiación autonómica y al desbrozar, tantas veces, cada apartado de la propuesta andaluza - y armado con buenas dosis de ironía. "Yo al principio pensé que era una pregunta dirigida a la señora Aguirre, en Madrid; o que estaban pensando ustedes en el señor Castillejo o el señor Arenas cuando trasladó Cajasur de la tutela de la Junta", le replicaba el pasado 13 de noviembre a cuenta de la fusión de las cajas a Antonio Sanz, número dos del PP-A.

Con él es con quien más choques parlamentarios ha protagonizado. Y siempre le ha atacado por el mismo flanco: poniendo el acento en la supuesta falta de credibilidad de los populares: "Mire, señor Sanz, ya puede usted gritar más, ponerse de pie encima del escaño, desgañitarse, hacer filigranas, lo que usted quiera; la historia ya les tiene juzgados", le dijo el pasado 12 de marzo. Un mes antes, lo mismo: "Ustedes llevan pancartas y pegatinas para decir lo que creen que son porque los andaluces no se lo creen". Y casi siempre una actitud de superioridad para desbaratar al contrario, tanto si se trata de Sanz - "no le he oído ni una sola idea, de su brillante cabeza no ha salido jamás una idea política" o "le ruego que use su libertad de pensamiento; es decir, que piense, que piense y se dé cuenta..."- como del resto de sus contrincantes. El PP le ha puesto en frente a tantos que un día se mofó sin remilgos de todos ellos: "Y luego me ponen a otro, que también podré con el otro... Yo con todo el mundo, con todo el mundo, señor Arenas, y pueden poner los que quieran. Si es igual, si por muchas mentiras que digan en esta Cámara, nunca van a hacer que la verdad no siga brillando". Con Arenas se ha medido menos, sobre todo porque el líder del PP-A lo ha ignorado cuando lo tenía en frente. Se dirigía a Chaves.

Como vicepresidente de la Junta, Griñán ha dejado escritas citas de Víctor Hugo -"quien siempre injuria nunca ofende", le gusta recordar- y provocaciones al PP para levantar los ánimos socialistas. "¡Son ustedes unos patriotas de pacotilla! ¡Son patriotas de pacotilla!", insistía a cuenta de la metedura de pata de Mariano Rajoy sobre el desfile de la Hispanidad. Pero sobre todo ha desgranado sus profundas convicciones sobre el funcionamiento del Estado y su concepto de la política, sin barro ni ventiladores. Se ha puesto muy serio muchas veces en la tribuna. "Yo creo, sinceramente, que la inmensa mayoría de los políticos son gente honrada y honesta, y desde las administraciones tratan de hacerlo bien. No le voy a consentir -advirtió a un diputado del PP que hablaba de corrupción- que convierta a los socialistas en un chivo expiatorio de sus propias frustraciones, de sus propios problemas. Y cada vez que usted lo haga aquí, lo denunciaré". Esa tarde de febrero no sabía que muy pronto los diputados socialistas le iban a mirar a él como referente en futuros episodios de ese tipo.

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