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Cultura

"Las libertades son reversibles"

El dibujante Max, premio Nacional de Cómic, visitó el Encuentro del Cómic y la Ilustración de Sevilla y presenta ahora ‘El regreso de Ulises’ con Alberto Manguel .

el 01 dic 2014 / 12:00 h.

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Max, un maestro de la viñeta y de la ilustración que parece capaz de dibujar incluso en el aire... Aunque se trata del escaparate de La Extravagante, en la Alameda. / Pepo Herrera Max, un maestro de la viñeta y de la ilustración que parece capaz de dibujar incluso en el aire... Aunque se trata del escaparate de La Extravagante, en la Alameda. / Pepo Herrera Pocos dibujantes españoles han desarrollado una evolución tan sorprendente, y de tan amplio espectro, como Francesc Capdevila (Barcelona, 1956), más conocido como Max, premio Nacional de Cómic y padre de criaturas memorables como Gustavo, Peter Pank o Bardín. El artista participó recientemente en el Encuentro del Cómic y la Ilustración de Sevilla, justo cuando acaba de ver la luz su último trabajo, El regreso de Ulises (Nórdica), con textos de Alberto Manguel. «Manguel había visto un trabajo mío con el argentino Marco Denevi, y le había gustado», recuerda el artista. «Nos conocimos, hicimos buenas migas, y al tiempo recibí el texto de El regreso de Ulises con una indicación de que hiciera con él lo que quisiera. El proyecto estuvo dormido dos años, los editores no acababan de verlo, pero al fin ha salido adelante». Max, que se ha imaginado al mítico Odiseo «como un hombre de aspecto rudo, fortachón aún», empezó muy joven en El Rrollo Enmascarado, con Nazario y Mariscal. «Mi primera página la publiqué en El Rrollo. Yo llevaba una vida más tranquila que ellos, pero el signo de los tiempos era aquel, la contracultura estaba por todas partes, eran los últimos años de Franco y había muchas ganas de romper con eso para que llegara lo que tenía que llegar: sexo, drogas y rocanrol. Y algo de política». También estuvo entre los fundadores de El Víbora. «Veníamos de un desierto cultural y queríamos romper con todo eso. También con la generación anterior de dibujantes, con los Carlos Giménez, los Luis García, autores que habían crecido a la sombra de Toutain, y que estaban en una tradición diferente. Llegamos rompiendo y cogiendo temas que no se habían tratado antes, el submundo, los bajos fondos… Y dibujábamos como sabíamos. Se nos acusó de ser deliberadamente feístas, pero es que no sabíamos hacerlo mejor», sonríe. Entonces llegó Peter Pank, uno de sus personajes más celebrados. «Acerté sin querer, y hoy es mi cómic más vendido. Ahora lo veo como algo hecho con frescura, inocencia y el gamberrismo de mis ventipocos años. Me sigue gustando, aunque técnicamente hace aguas por todas partes…», dice. Su consagración definitiva fue Bardín, un personaje que marcaría un giro muy acentuado en la nueva década. «A partir del 90, gracias a la ilustración, me propuse hacer solo cómics cuando tuviera una idea buena, con independencia de que fuera comercial o no. Desde entonces gozo de esa libertad, que me parece impagable. Lo malo es que ahora hago un cómic cada cinco o seis años, pero está bien. El primero de esta etapa fue El prolongado sueño del señor T, un trabajo en blanco y negro, con un tema dramático. Cuando terminé quería hacer lo contrario, algo con humor, colorines y diversión. Y surgió Bardín. Luego ha venido Vapor, también en la línea de humor filosófico, en blanco y negro, muy minimalista. Y el año pasado saqué Paseo astral y Conversación de sombras en la villa de los papiros. Ahora estoy en otro proyecto del que no puedo contar mucho, algo experimental, sin palabras… Pero no sé cuánto tiempo me llevará». «He hecho cosas que no hubiera hecho… Por dinero, por ejemplo, y han salido mal», concluye Max, quien cree que España es aún un país óptimo en cuanto a libertades. «Siempre saltan cosas, como lo de El Jueves… Pero en general todo el mundo toca todos los temas sin problemas. Subsisten ciertos tabúes, pero cada vez menos. Eso sí, tengo claro que es una situación reversible, y que la Historia no siempre avanza en el mismo sentido. A veces percibes que en cualquier momento las cosas pueden girar a mal, por eso no hay que dejar pasar ni una», apostilla. ~

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