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Las manos amigas del Estrecho

Tarifa ha vivido esta semana la mayor oleada de inmigrantes, que han llegado hasta sus costas en balsas de juguete. La esperanza se ha truncado en pesadilla para estas personas, que encuentran abrigo y apoyo en voluntarios, como los de Cruz Roja.

el 16 ago 2014 / 12:00 h.

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Un bebé rescatado de las pateras. / EFE Un bebé rescatado de las pateras. / EFE Seguramente era la primera vez que pisaba una pista de pádel. Es más, es probable que no supiera ni que existía, ni para qué sirve ese espacio con paredes de cristal dividido por una red. Pero no, no crea que iba a jugar, sino a convertir esas cuatro paredes en un hogar efímero, en un refugio, en una improvisada cama desde la que esperar lo que le deparará el futuro tras haber arriesgado su vida cruzando las aguas del Estrecho en busca de una oportunidad. Es el drama del millar de subsaharianos que en tan sólo 48 horas han llegado a Tarifa en esta semana, pero que han encontrado el consuelo y el abrigo en las manos amigas de los cientos de voluntarios, de organizaciones como Cruz Roja o Andalucía Acoge. Gracias a ellos han podido convertir el frío en calor y saciar el hambre y la sed. Un inmigrante es atendido por la Cruz Roja. / EFE Un inmigrante es atendido por la Cruz Roja. / EFE Tarifa ha vivido una semana horrible, «sin precedentes», aseguran desde Cruz Roja. Un avalancha que ha desbordado a las Fuerzas de Seguridad del Estado y a las ONG y entidades que trabajan día a día con los inmigrantes. El Ayuntamiento de la localidad se apresuró a ceder dos polideportivos ante la masiva llegada de inmigrantes en tan corto espacio de tiempo: en sólo 48 horas casi 1.300. Era imposible atenderlos a todos, identificarlos e iniciar los trámites para deportarlos a sus países de origen. Así que no hubo más remedio que alojarlos en estos espacios, que se han convertido en el hogar improvisado de estas personas. «Lo peor fue al principio de la semana, cuando llegaron tan seguido porque no nos daba tiempo a darles la asistencia necesaria», recuerda el portavoz de Cruz Roja, Miguel Domingo. Sin embargo, la reacción no se hizo esperar. En concreto, en esta organización, que se dedica a ofrecer asistencia sanitaria y humanitaria, el engranaje funcionó a la perfección y rápidamente acudieron voluntarios desde numerosos puntos de Andalucía: Huelva, Málaga, Granada, Sevilla..., que no tardaron en llegar a Tarifa para dedicar «en muchos casos, sus vacaciones» a estas personas. Había que repartir mantas, darles ropa seca, algo de comida y comprobar su estado de salud. Y lo peor, en las embarcaciones de juguete llegaron una treintena de menores, entre el lunes y el miércoles, muchos de ellos con tan solo meses de vida. El caso más llamativo es el de Princesa, que con tan solo once meses viajó sola en una balsa, aunque no le faltó ni cariño, ni unos brazos que la arropasen a falta de los de sus padres. Ayer, se pudo localizar a la familia de Fátima, que así se llama la bebé, a la que se intentarán devolver en breve, después de que una familia de acogida se hiciera cargo de ella. Un ejemplo de cómo ha funcionado la coordinación entre todas las administraciones y las personas que están trabajando para poner fin a este drama. inmigracion Entre los inmigrantes hay mujeres embarazadas, una de las cuales dio a luz al poco de llegar a tierra. Pero las atenciones más habituales han sido por «heridas en las manos o en los pies, que se las hacen con las rocas al embarcar», explica Domingo, quien afirma con alegría que ninguno de ellos presentaba problemas graves de salud. «No recuerdo que ninguno trajera una situación complicada», afirma, mientras explica que gran parte de la tarea de estos voluntarios es practicar curas de estas heridas, «aunque también hemos atendido bajadas de tensión y mareos». Un trabajo que se ve recompensado por «el agradecimiento» que muestran los inmigrantes. «A un voluntario le han dado una camiseta en la que han pintado un: Gracias Cruz Roja», dice Domingo, quien no recuerda una situación como ésta antes, y a la que no puede encontrarle causa. Los primeros días llegaron a estar trabajando por turnos casi un centenar de voluntarios de la Cruz Roja, «luego, a medida que se han ido trasladando a estas personas hemos ido rebajando el número». Ayer, eran una treintena los que estaban auxiliando a los tres centenares de inmigrantes que aún no habían sido identificados, ya que en los últimos dos días no han llegado nuevas pateras. La buena noticia es que entre ellos ya no había ni niños ni mujeres, pues todos habían sido llevados ya a uno de los ocho centros de internamiento de toda España o a pisos de ONG a la espera de que se practique la repatriación de estas personas. Una tarea para la que también se ha redoblado el número de efectivos policiales y de funcionarios de Justicia. Otra de las entidades que está trabajando en la zona es Andalucía Acoge, que principalmente se está dedicado «a una labor de asesoramiento jurídico» y ofreciendo traductores para explicarles la situación en la que se encuentran al llegar a España sin papeles. Su secretario general, Mikel Araguás pide «más compromiso por parte de Europa», pues asegura que «la solución no es invisibilizar el problema, haciendo que Marruecos impida la llegada de pateras, sino atajar el verdadero problema». En este sentido, recuerda los conflictos bélicos que asolan África, y que obligan a la población a huir, y «donde los gobiernos europeos tienen que mirar su responsabilidad».

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