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Las mil puntadas de una pasarela

La infantería del maquillaje y el estilismo bulle en los cuarteles generales que son los vestuarios de Fibes. Tocan y retocan a las modelos, entre ellas la exMiss España Helen Lindes

el 04 feb 2011 / 21:25 h.

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Contemplamos el glamour supino de unas figuras esbeltas desfilando con estilo por la pasarela, ataviadas con los trajes de flamenca que más pitarán en las próximas ferias. Pero pocas veces acierta una a hacerse una idea de cuánto trabajo de equipo y de disciplina germánica se acumula en los camerinos para que todo fluya ante el público a la perfección.

En el segundo día de Simof hemos querido visitar la tramoya, destripar qué se cuece tras las cortinas. Y esto es lo que hemos encontrado. La jornada laboral de las modelos comienza a las 9.00. A esta hora, aquellas que presumen de ser las más madrugadoras hacen su aparición por el backstage con los rostros bien despejados, que el día será largo. "Lo primero que hago al llegar es tomar un café bien cargado. La mañana será dura, pero merecerá la pena", comenta una de las chicas, que se coloca la bata para estar más cómoda en la silla de estilismo. El primer paso en el proceso de transformación "de niña a modelo" tiene lugar en la sala de maquillaje y peluquería, "entre brochas, lacas y secadores", apunta Ana Araceli, de 19 años, natural de Marchena y Miss Sevilla para más señas. "Estoy encantada de estar en Simof. Es una gran oportunidad para crecer como modelo", suelta risueña.

Queda una hora para el desfile y las chicas se pasean en zapatillas mientras los profesionales de la belleza se pelean con las melenas para dejarlas tal cual el diseñador ha dispuesto. "Aquí no hay nada arbitrario, los peinados están marcados según la tónica de la colección. En este caso, estoy haciendo un recogido de cola baja y la melena cae en bucles. Van todas iguales. Es importante conseguir esa uniformidad", comentan.

"¿Alguien necesita crema antibiótica para las orejas?", grita Macarena, de 22 años, que afirma que "lo que peor llevamos son los pendientes. Pesan mucho. Los pies y las orejas son las más sacrificadas", confiesa buscando la complicidad de sus compañeras.

Entre cigarrillos, zumos y el ajetreo entre las manos de los estilistas se acerca el momento clave. La invitada especial de la jornada, la exMiss España Helen Lindes, es una balsa de aceite en el tumulto. Está sentada leyendo un libro... Preguntada por sus sensaciones en Simof, responde: "Adoro los trajes de flamenca y me alegra poder participar en el desfile".

A vestirse toca. Al otro lado del salón de estética se hallan los vestuarios, divididos en compartimentos que cada diseñador toma como cuartel general. Es el territorio de las costureras. Los percheros aguardan repletos de colores, volantes y telas. Las caras de las modelos aparecen fotocopiadas a modo de estandarte al principio de cada perchero. Tiene su lógica: "De cada modelo tenemos sus medidas y el orden de aparición que hará cada traje. Esto nos ayuda a organizarnos, ya que por cada pasarela lucen tres modelos diferentes y hay muy poco tiempo para hacer el cambio", nos explican.

Queda una hora para el desfile. Las modelos, con sus bellezas realzadas por el maquillaje, acuden en tropel a enfundarse los trajes. Ángela llega tarde: "¡No he podido correr más!, pero tenía un examen", se excusa. Tiene 20 años, es de Los Palacios y cuenta que "compagino bien el mundo de la moda con los estudios, pero a veces es agotador...". Se le aplica un proceso exprés y hala, al grupo.

Es mediodía y todo está listo para que luzca la colección de Arte y Compás titulada Claveles por mi cuerpo. Todas llevan la flor y la peineta en la mano. "Es un trabajo en cadena", aseguran las estilistas, que subidas en sillas y como si de robots articulados se trataran, colocan en sólo 30 segundos los complementos en las cabezas.

Momento de últimos retoques: brillo de labios, acomodarse en los zapatos y miradas al frente. "Los años te van ayudando a apartar los tembleques", comenta Jéssica, de 20 años. Luces y música. El público espera. Y saltan los flashes entre contoneos seductores. ¡A lucirse!

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